República mexicana, a 10 de abril 2024

AL PUEBLO DE MÉXICO
A LOS PUEBLOS DEL MUNDO
A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN NACIONALES E INTERNACIONALES
A LOS ORGANISMOS NO GUBERNAMENTALES DEFENSORES DE LOS DERECHOS HUMANOS
A LAS ORGANIZACIONES POPULARES Y REVOLUCIONARIAS
 
¡HERMANAS, HERMANOS, CAMARADAS!
 
El diez de abril del presente se cumplen siento cinco años del asesinato a mansalva del general Emiliano Zapata Salazar. Crimen perpetrado por la burguesía que a la fecha se mantiene en el poder, vive parasitariamente del trabajo despojado a las masas trabajadoras y envilece la memoria del revolucionario con actos oficiales demagogos e hipócritas.
 
A más de un siglo del atroz crimen, el carácter criminal del Estado permanece y se exacerba contra el pueblo. Desde antaño, la dictadura burguesa se sostiene con el puntal de las bayonetas y las armas de los cuerpos represivos, puesto que, el mismo ejército quien ejecutó al revolucionario, hoy atormenta a las masas trabajadoras con prácticas de terrorismo de Estado y crímenes de lesa humanidad.
 
Como en la dictadura porfirista, en el presente, la junta administrativa en turno defiende los intereses capitalistas, a su vez, ataca a las aspiraciones de emancipación popular que enarbolan los explotados y oprimidos. El gobierno mexicano oculta los crímenes de Estado, criminaliza al pueblo trabajador, judicializa la protesta y organización popular, con la contrainsurgencia se esfuerza por destruir la voluntad popular de combatir e impone los intereses de la burguesía con el estado de derecho oligárquico.
 
La opresión contra la que se sublevaron las masas populares y tomaron las armas junto al general Zapata, permanece y se acrecienta, en la actualidad, el despotismo cobra rostro y cuerpo en el Estado que los asesinos del general han forjado en más de un siglo. Un Estado policíaco militar, un estado de derecho oligárquico y gobiernos antipopulares o falsamente populares son la fusta con la que se doblega al pueblo a los designios del capital y el extranjero.
 
La tiranía del opresor no ha desaparecido, el oprobio que vive el pueblo guarda semejanza a las afrentas contra las que el pueblo tomó las armas bajo el mando de Zapata. La violencia capitalista se ceba contra el pueblo, el autoritarismo institucional perpetra innumerables injusticias contra el desposeído y cobija con la impunidad e inmunidad a los perpetradores; las víctimas de la desaparición forzada de personas siguen en aumento, lo mismo sucede con los desplazados de manera forzada y ejecutados extrajudicialmente; y, en acto autoritario el gobierno federal revictimiza a las víctimas de los crímenes de lesa humanidad, con maniobra estadística desaparece a los desaparecidos y parapetado en la arrogancia presidencial defiende a los responsables de tan funestos crímenes.
 
El Ejército Mexicano continuador del instrumento constitucionalista con el que se masacró a Zapata reboza de poder económico, político e impunidad. Aspectos antipopulares engrandecidos por el gobierno en turno con el propósito de salvaguardar una dictadura cada vez más reaccionaria, ello es el reflejo de la concepción retrograda con la que se conduce el jefe supremo de las Fuerzas Armadas, imagen concreta de su odio de clase contra las masas organizadas sintetizado en la frase “nada con los “zapatas” y materializada en mayor militarización de la vida pública del país.
 
La exclusión de las masas del poder político que Zapata condenó, en el contexto contemporáneo es más grande que hace un siglo. La democracia burguesa inmersa en un proceso de putrefacción, de nueva cuenta, impone la reelección en varios escaños del poder Legislativo y Ejecutivo; los intereses de las masas populares del campo y la ciudad no son representados en absoluto en  algún órgano del Estado mexicano, ni partido burgués, por ende, en ninguno de los personeros de los capitalistas con cuero de candidatos en el actual proceso electoral; y, las masas trabajadoras no ejercen poder alguno en el actual sistema político mexicano.
 
Relaciones de explotación capitalistas subsumen a los pobres del campo a la pauperización creciente de la vida material. En promedio el cuarenta por ciento de los hogares rurales viven sin ingreso y el treinta por ciento disponen de un salario mínimo, en conjunto, el setenta por ciento de los hogares del campo vive en la pobreza y la miseria, de esa magnitud es la precariedad material impuesta por el régimen capitalista a las masas populares que viven en el campo.
 
Migración, pobreza, desempleo, marginación, violencia institucional y despojo son flagelos que padecen los pobres del campo producto de la dictadura capitalista, a su vez, por la administración de los distintos gobiernos que, a la fecha, se enfocan en dar continuidad a una política transexenal fundada en el modelo agroexportador emanado de la política económica del imperialismo.
 
Contrario al discurso demagogo del gobierno federal y sus panegiristas, en el campo mexicano no se reporta cambio ni transformación alguna. Las cadenas de explotación económica capitalista expolian mayor riqueza a las masas trabajadoras y pequeños productores; el poder y dominio del capital monopolista transnacional sobre la agricultura mexicana se acrecienta sin cesar; la producción agropecuaria se encuentra subordinada y en dependencia al extranjero; y, el país vive cada vez más en sombría dependencia alimentaria.
 
Las cadenas globales de valor del sector agroalimentario mexicano se encuentran bajo el dominio del capital monopolista-financiero. Producción, distribución y comercialización se hallan bajo la férula de las empresas transnacionales o agroindustria transnacional, son éstas quienes bajo el amparo de la connivencia del gobierno imponen precios monopólicos y mecanismos de apropiación de plusvalor en magnitudes históricas cuyos principales beneficiarios son, las personificaciones del capital monopolista.
 
Un puñado de empresas trasnacionales y oligarcas nacionales son quienes ejercen el poder monopólico sobre los veinte productos agroalimentarios principales que generan más del 70 por ciento de las devisas provenientes de la exportación, lo señalado es reflejo del grado de centralización y apropiación de la riqueza en manos oligarcas a costa de la explotación de la fuerza de trabajo,  expresión concreta de la explotación que padecen nuestros hermanos de clase en el campo mexicano bajo el azote de los extranjeros.
 
El gobierno mexicano coloca en su discurso la soberanía alimentaria como producto de su buena gestión, paradójicamente, la realidad es contraria a la cacareada por la actual junta administrativa. El sector agroalimentario se encuentra bajo el dominio de la agroindustria trasnacional, dicha relación de dominio extranjero suprime en la práctica a la soberanía alimentaria y la vuelca en su contrario.
 
El cincuenta y dos por ciento de los alimentos que se consumen en el país son importados; en promedio el ochenta por ciento de los fertilizantes son importados; existe un déficit colosal en la producción de granos y oleaginosas, en consecuencia, se registran importaciones de magnitud histórica para satisfacer la demanda interna, en promedio cerca del cincuenta por ciento de granos y oleaginosas que consume la población mexicana proviene del extranjero.
 
Renglón que ilustra la severa dependencia alimentaria respecto al extranjero son los niveles de importación de maíz. Se estima que México en el 2024 será el segundo importador de maíz en el mundo, en promedio, el cincuenta por ciento del maíz que se consumé se importa, a su vez, la producción global del grano en mención tiende a la baja, aunado a ello, la producción de granos en su conjunto es insuficiente para garantizar la alimentación de los mexicanos.
 
El sector agrícola y pecuario se encuentra dominada por el capital monopolista, subordinado a las necesidades del extranjero y sometido a la lógica del modelo agroexportador. Relación de dependencia y expoliación configurada tras décadas de apología gubernamental a las políticas económicas imperialistas, la política neoliberal que declaro por muerta el actual gobierno, en realidad mantiene su curso en el campo mexicano, a tal magnitud que, el modelo agroexportador de cuño neoliberal brilla cual estrella ascendente en el universo de los logros económicos de la actual administración federal.
 
La dependencia alimentaria y servilismo respecto al extranjero es terrible, el gobierno de López Obrador lejos de suprimir esa forma peculiar de dominio imperialista la sostiene y acrecienta. La relación de subordinación a las potencias imperialistas es a tal magnitud que, el en el país no se produce para satisfacer la demanda de la población mexicana, se produce en función de las necesidades de la demanda extranjera.
 
En nada beneficia a las grandes masas trabajadoras tanto del campo como de la ciudad que, el país sea el principal productor y exportador de tomate a nivel mundial, contradictoriamente, los explotados y oprimidos consumimos literalmente el desperdicio de la producción del producto no cualificado para la exportación, ello indica el servilismo al extranjero promovido desde la política económica y aplaudida por el actual gobierno.
 
Mientras el pueblo padece hambre y consume en menor cantidad como en calidad, la producción hortícola se encuentra en función de satisfacer las necesidades del mercado norteamericano. Tomate, pimientos, chiles, pepinos, pepinillos, calabazas y coles conforman el sesenta y ocho por ciento de las exportaciones hortícolas hacia Estados Unidos; y, más del noventa por ciento de la producción de hortalizas y berries se destina hacia al mismo mercado.
 
Son las empresas trasnacionales las beneficiadas con el TLC hoy T-MEC. Ejemplo concreto son las hortalizas y los berris, ambos registran incrementos enormes en volumen de valor, no obstante, de ello no se beneficia el pueblo, dichas masas de valor son transfiguradas en tasas de ganancias que van a parar en los bolsillos de oligarcas y empresarios, principalmente de origen extranjero.
 
Mientras las agroindustrias transnacionales son beneficiadas con altas tasas de ganancias producto de volúmenes de producción y precios históricos, campesinos pobres y pequeños productores tienen que sobrevivir en un contexto de crisis, padecer el flagelo del hambre y la desesperanza. Tanto el pequeño productor como el campesino pobre son orillados con el actual modelo agroexportador a deshacerse de sus tierras, convertirse en asalariados en su propio entorno y ser expulsados por hambre al extranjero o a las grandes ciudades.
 
Ligada a esa lógica de despojo se encuentra la acumulación originaria del capital, ella no cesa en el campo mexicano. Un baño de sangre, violencia desenfrenada y desplazamiento forzado se registran en varias regiones del país; son las empresas transnacionales, grupos de poder oligarca, empresarios regionales o locales y toda laya de hombres del régimen quienes auspician ese entorno por medio del paramilitarismo con careta de delincuencia organizada o supuestos carteles de las drogas, el fin es apropiarse de amplias regiones del campo mexicano ricas en metales o enmarcadas en proyectos empresariales, en sí, es el despojo de la tierra en el siglo XXI consentido por Estado mexicano en beneficio del capital monopolista.
 
Falso que el gobierno con su política beneficie a los pobres, en otras palabras, al explotado y desposeído. Mientras las personificaciones de la agroindustria transnacional se apropian de tasas de ganancia históricas, el campesino pobre y el trabajador agrícola se le sujeta a la miseria humana por medio de programas asistencialistas contrainsurgentes que en nada rompen las cadenas de explotación y opresión con las que se encuentran atados a la dictadura capitalista.
 
En esa relación de dominación y explotación las masas trabajadoras del campo son vilmente enajenadas y alienadas al orden burgués. Por mucho que grazne el gobierno en turno sobre el presupuesto destinado a los programas sociales, en particular Sembrando Vida, éstos no resuelven la pobreza que padece el pueblo, constituyen paliativos económicos de esencia contrainsurgente con los que se sumerge a las masas populares del campo a un proceso de cretinismo social y de dependencia alimentaria creciente.
 
Nada del régimen de explotación y opresión ha cambiado con el gobierno falsamente popular que se autodefine como cuarta transformación. El conjunto de explotados y oprimidos lejos de conseguir su emancipación por medio del programa liberal burgués que encabeza el partido político Morena como junta administrativa federal, es subsumido más y más a la oprobiosa dictadura del capital.
 
El proceso electoral es parte de los mecanismos de opresión con los que el poder burgués se impone sobre el resto de la sociedad. No existe posibilidad de cambio para las masas trabajadoras del campo y la ciudad en el marco de la democracia burguesa, las urnas electorales son embuste burgués con el que se legitima la explotación y opresión capitalista, nada ganan las masas populares en acudir e emitir el voto electoral, al contrario, legitiman al verdugo que las ha de flagelar durante el próximo sexenio.
 
Las masas trabajadoras deben liberarse del régimen burgués que sostiene el Estado mexicano con el puntal del Estado policiaco militar, el estado de derecho oligárquico y un gobierno falsamente popular. No sólo se requiere tomar el ejemplo de Zapata, Villa y otros héroes populares, es fundamental elevar las enseñanzas históricas de la lucha del pueblo mexicano por su libertad a las condiciones históricas concretas, la historia y el contexto dictan que es imperativo desarrollar la guerra revolucionaria contra los explotadores y opresores. 
 
Caso contrario, la lógica y leyes capitalistas que privan en el país seguirán reproduciéndose, en consecuencia, la tiranía de la que son víctimas las masas populares lejos de desaparecer será más oprobiosa e inhumana y los burgueses juntos a su servidumbre gozaran de mayores privilegios a costa de la miseria creciente de los explotados y oprimidos.
 
Ante la deplorable realidad que vive el pueblo, la alternativa es abrazar la causa de la revolución social. Nada de revolucionario ni progreso alberga en el actual momento histórico la postura que se autodefine de izquierda, tampoco el reformismo ni toda expresión conciliadora de clase, lo revolucionario yace en la lucha por un cambio radical de la actual sociedad capitalista, y, eso significa llevar en la práctica la revolución socialista y la construcción de la unidad popular.
 
¡POR LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA!
¡VENCER O MORIR!
 
¡POR NUESTROS CAMARADAS PROLETARIOS!
¡RESUELTOS A VENCER!
 
¡CON LA GUERRA POPULAR!
¡EL EPR TRIUNFARÁ!
 
COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO DEMOCRÁTICO POPULAR REVOLUCIONARIO
PDPR 
 
COMANDANCIA GENERAL DEL EJÉRCITO POPULAR REVOLUCIONARIO
CG-EPR