Imperialistas, colonialistas y terroristas: Mercaderes del infortunio
Fecha: 2001 09 23
Grupo: Ejército Popular Boricua - Macheteros (EPB)
País: Puerto Rico
Categoria : Comunicado
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IMPERIALISTAS, COLONIALISTAS Y TERRORISTAS: MERCADERES DEL INFORTUNIO

Mensaje del Ejército Popular Boricua - Macheteros.

Conmemoración del Grito de Lares. 23 de septiembre de 2001

Compatriotas puertorriqueños:

Hoy me dirijo a ustedes, en nombre del Ejército Popular Boricua - Los Macheteros, en circunstancias muy especiales en esta histórica conmemoración del 133 aniversario de nuestro glorioso Grito de Lares. Don Pedro Albizu Campos decía que a Lares hay que venir de rodillas y que Lares es el Altar de la Patria.

¿Qué significan esas palabras? Sencillamente que para don Pedro, el 23 de septiembre de 1868, en Lares se escenificó la unificación de sentimiento de nación del pueblo puertorriqueño cuando lanzó al mundo del Grito reclamatorio del derecho a la vida, del derecho a ser, del derecho a ejercer potestad absoluta sobre su destino. Fue un Grito revolucionario, un Grito de valor y sacrificio: un Grito de guerra patriótica libertadora.

Han transcurrido 133 años desde el momento en que se llevara a cabo, por los medios armados, la demanda patriótica, independentista, reclamatoria de justicia social y libertaria. Pero si bien nuestro pueblo hizo su reclamo ante el mundo exigiendo su reconocimiento como nación, la avaricia económica del poderoso imperio norteamericano ha frustrado ese derecho.

El 1898 marcó un cambio en la usurpación sobre la soberanía del pueblo puertorriqueño: el gobierno de los Estados Unidos de América se apoderó, mediante un vil acto de guerra, de nuestra Patria. Desde entonces, han transcurrido 103 años de mentiras, de elecciones coloniales enajenantes cultivadas por los yanquis para desarticular la conciencia puertorriqueña y puertorriqueñista. Para ello, han utilizado a los sectores representativos de la casta criolla más poderosa cuya conciencia es determinada por el poder, por el dinero y por la ambición desenfrenada. Esos sectores, como fundadores e ideólogos de los partidos políticos coloniales, han cumplido su función servil como manipuladores de la conciencia popular convirtiéndose en traidores en contra del explotado pueblo puertorriqueño, de sus compatriotas.

Han sido 103 años en los cuales nuestro territorio ha sido utilizado como parte integral de una poderosa maquinaria de guerra cuyo objetivo no ha sido otro sino el de ejercer un control de fuerza sobre lo que ellos siempre han considerado su traspatio. Es parte del mal. Han sido 103 años a través de los cuales han utilizado a nuestro pueblo y territorio como laboratorio de experimentación para ellos poder mantener su hegemonía económica en el mundo y en el continente, y como bastión militar para imponer su criminal sistema sobre la humanidad. Hemos vivido 103 años de enfrentamientos que amenazan con destruir los cimientos que tienen que servir de base para el logro de nuestra unidad nacional.

La realidad mundial de hoy, esa realidad que por ley de concatenación universal tiene que determinar la estrategia para nuestra supervivencia como pueblo, es extremadamente compleja y orientada hacia lo que, en el quehacer histórico de los pueblos, constituye un salto de carácter estructural, filosófico, y de interacción sobre la totalidad de la existencia humana. Ese salto puede ser creativo, positivo y humanista, o satánicamente destructivo. El imperialismo es representativo de la criminalidad deshumanizada y es muy claro que el gobierno de los Estados Unidos es el máximo exponente de esa criminalidad de naturaleza imperialista. La libertad, la veradera democracia, la justicia social, los derechos humanos, esos valores que constituyen parte fundamental del ser humano, tienen que ser el norte orientador de nuestro quehacer como pueblo, para bien de la humanidad. Constituyen parte de la verdad del bien. Pero el gobierno de los Estados Unidos pretende continuar en la cúspide de la explotación para mantener un sistema capitalista ya caduco y retrógrado.

En el marco de esa realidad, Vieques se ha convertido en el máximo exponente de nuestra lucha libertaria. Durante casi dos años, ha sido defendido utilizando la desobediencia civil como táctica, y la consigna Paz para Vieques como motivación espiritual. Los Macheteros, hasta el momento, hemos condicionado nuestra concepción de lucha libertaria a esas consignas populares, y las apoyamos con firmeza y convicción. Pero la Marina de Guerra yanqui no sólo ha sido más violenta en sus actos de desprecio a nuestra población, sino que ha incrementado, con intención intimidante, los niveles de concentración en sus ejercicios y bombardeos. Las lágrimas de nuestros niños en Vieques, de nuestros ancianos esperanzados con que esos abusos cesaran, el sufrimiento de maestros y padres que quieren vivir en paz, se incrementó radicalmente con sus últimos ejercicios y amenazas de otros más violentos por venir. Nosotros hemos apoyado la desobediencia civil, pero nos indigna dolorosamente todo aquello que convierte a nuestro pueblo en mártir indefenso; el constante encarcelamiento indiscriminado de centenares de hombres y mujeres de valía patriótica; la violación de la integridad física y dignidad de los hombres y mujeres que actúan en el ejercicio de un derecho inalienable a la paz y sobre todo, a la libertad. No obstante, estamos convencidos de que el camino en la desobediencia civil constituye el umbral de la lucha revolucionaria ejemplarizada por el Lares del 1868, y patentizada por las consignas macheteras de las generaciones revolucionarias de la actualidad.

Hoy me dirijo a ustedes en circunstancias muy difíciles, muy especiales. Esta conmemoración de Lares exige de todos los puertorriqueños mucha ponderación, mucha meditación, mucha reflexión y, sobre todo, el abrir nuestros corazones y nuestra conciencia patriótica de par en par; hablar con la más profunda sinceridad, con la más profunda honestidad.

El pasado martes once de septiembre, la humanidad sufrió un golpe de grandes consecuencias, de increíble dolor para decenas de miles de familias, incluyendo a miles de hermanos y hermanas puertorriqueñas, y para lo que son las más profundas luchas en pos de la justicia, como lo es la lucha de nuestro pueblo para lograr su libertad, su independencia, su soberanía. Ha sido un acto de barbarie. Ha sido un acto inhumano. Los símbolos representativos del poder económico de los Estados Unidos, las Torres del Centro de Comercio Mundial, fueron atacadas mediante un acto de terrorismo de grandes proporciones. También fueron atacadas las estructuras del Pentágono, cuyas paresdes encierran el centro de planificación militar para la intervención en todos los rincones del planeta.

Los Macheteros, de ninguna manera podemos aceptar, y muchos menos justificar actos de esa naturaleza. A los revolucionarios nos mueve el amor por la humanidad, por la libertad y la dignidad de los seres humanos; rechazamos el acto que se ha cometido porque es contrario a ese amor. Compartimos el dolor de nuestros hermanos boricuas en Estados Unidos y nos solidarizamos con los familiares de las inocentes víctimas del pueblo norteamericano afectado en este momento de pena y de gran dolor. Sin embargo, cuando analizamos la vileza encerrada en las mentes de quienes entienden que es a través de actos de tal naturaleza que se tienen que logar sus objetivos y demandas, estamos obligados a exponer nuestra posición para cumplir con el más elevado sentido de responsabilidad que nos corresponde. Al hacerlo, vemos que no existe mayor diferencia entre ese acto de criminalidad terrorista y aquellos cometidos por el gobierno de los Estados Unidos en el mundo y que son quienes crean las condiciones para semejante situación.

¿Podemos acaso borrar de nuestras conciencias y sentimientos de dolor de ver como las vidas de más de dos millones de hombres y mujeres y niños fueran terriblemente cercenadas en Vietnam quemándolos con Napalm, envenenándolos y destruyendo sus bosques y sembradíos con el Agente Naranja? ¿Podemos acaso, olvidar cómo miles y miles de ciudadanos indefensos -hombres, mujeres y niños- eran victimizados por las miles de toneladas de bombas lanzadas sobre sus residencias y centros de trabajo en Irak, país que también ha sufrido el brutal bloqueo económico que, conforme a las cifras ofrecidas por las Naciones Unidas, ha resultado en la muerte de 500 mil niños? ¿Podemos conocer, sin dolor, cómo los Balcanes-Serbia, Yugoeslavia, Kosovo, Bosnia, Montenegro, Croacia- fueron blanco de bombas lanzadas indiscriminadamente matando miles y miles de seres humanos? ¿Podemos olvidar a los miles de seres humanos asesinados por la infamia de quienes lanzaron las bombas en un barrio de personas pobres en Panamá cuando tenían la excusa de estar persiguiendo al General Noriega? ¿Podemos cerrar nuestros ojos ante la invasión de la República Dominicana donde fueron asesinados centenares de hermanos dominicanos para evitar que un magnífico hombre de estado, como lo fue Juan Bosch, ejerciera sus funciones como presidente electo de esa nación? ¿Podemos acaso hacer como el avestruz cuando estos mismos imperialistas yanquis sometieron por la fuerza a un pueblo caribeño pequeño, débil, que pretendía consolidar un gobierno y sistema contrario al de ellos en la Isla de Granada, cuando instalaban a gusto y gana a numerosos dictadores que asesinaron a mansalva a sus respectivos pueblos, como sucedió con Trujillo en la República Dominicana, con Somoza en Nicaragua, con Pérez Jiménez en Venezuela, con Stroessner en Paraguay, con Batista en Cuba, con Ríos Montt en Guatemala, y, sobre todo, cuando conspiraron y apoyaron a un criminal como Pinochet en Chile para destruir las ansias de justicia de ese sufrido pueblo que ya había elegido a un presidente que abría las puertas a la esperanza y verdadera libertad e independencia, como lo fue el enorme ser humano que había en Salvador Allende? ¿Podemos olvidar cómo fueron capaces de lanzar las dos primeras bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki matando y afectando las vidas de más de 240,000 seres humanos y desarrollar esa tecnología para intimidar y mantener a toda la humanidad bajo su dominio y amedrentada con semejante política de terror? ¿Podemos olvidar cómo masacraron a 21 puertorriqueños hiriendo a más de 150 compatriotas en la ciudad de Ponce? El gobierno de Estados Unidos ha sido quien ha efectuado estas violaciones y atrocidades en franco atropello de los derechos de los pueblos.

Esos hechos tan crueles que con su insensibilidad, con sus pretensiones hegemónicas, con su colonialismo, con su sistema capitalista internacional, han tenido como objetivo satisfacer las ansias de poder económico de unas ínfimas e infames minorías de los sectores económicos de los Estados Unidos, y el efecto de imponer la miseria a las grandes mayorías que componen la masa humana. Es la misma política que somete a los pueblos, que enferma la mente, que aniquila a la humanidad y la mantiene en una mansedumbre y enajenación horrible, que convierte la creatividad de los hombres y mujeres para el arte, para el deporte, e incluso hasta a la sexualidad reproductiva, en fuente de ingreso comercializado. Ahora, con ese despiadado acto llevado a cabo en las torres del Centro de Comercio Mundial, sufren lo que los pueblos hemos sufrido por siglos a manos de sus sistemas, y gritan, y ponen a gritar a sus alcahuetes enajenados en nuestro país, a denunciar el "terrorismo". Naturalmente, pretenden justificar la represión abierta a los patriotas luchadores por la libertad y la independencia. Pretenden cambiar la opinión pública puertorriqueña utilizando esa etiqueta de "terrorista" que le adjudican indiscriminadamente a todo aquel que le haga frente a sus pretensiones políticas y, sobre todo, para lograr la aceptación de nuestro pueblo de sus intenciones con Vieques, que son las mismas que han ejercitado en la Isla Nena durante más de sesenta años.

Es por eso que ahora la gobernadora, en su servilismo, en su vacilación, en su entreguismo, busca la forma de alejarse del problema que nuestro pueblo sufre en Vieques y comienza a desarrollar unos planes para la lucha en contra de un terrorismo que jamás sucede o puede suceder en nuestra patria debido a la propia naturaleza humana de nosotros los boricuas. Vemos, igualmente, a unos supuestos analistas políticos prácticamente burlándose de aquellas naciones que, según ellos, desaparecerán y serán convertidas en polvo con otros nombres como naciones, porque serán destruidos por el gran poder de los norteamericanos; o de aquellos que en su afán por figurar como partícipes en todo lo que tiene que ver con la política que se va desarrollando en nuestro país, y a veces hasta en el mundo, se inventan siete u ocho guerras con sus trasnochadas teorías de confusión y desasosiego reclamando para sí el servir como orientadores y asesores de quienes han sido los principales actores en el desarrollo político en nuestro país y en los propios Estados Unidos; o por fanáticas tan enajenadas que al acostarse se cubren con la bandera yanqui, se visten con la bandera yanqui al levantarse, y ahora pretenden decir que Vieques es necesario para que los yanquis continúen sus ensayos genocidas.

Todos estos oportunistas, como mercaderes del infortunio, como beneficiarios y explotadores de la ignorancia y de la ingenuidad, como verdaderos buitres que se nutren de la miseria humana, van pregonando sus teorías y buscando la forma de canalizar la vitalidad de nuestro pueblo por rumbos que, en el fondo, sólo son buenos para sus propios intereses, para los de su clase, para los mismos de siempre.

Nosotros no nos presentamos como monopolistas de la verdad. Pero no existen dos o muchas verdades en la existencia humana. Existe sólo una verdad y esa verdad está enmarcada por la propia naturaleza teológica y la reliogiosidad de la mayoría de la humanidad, sin importar sus "denominaciones" sectarias. Por nuestra parte, Los Macheteros, analizamos la vida y la existencia con la espiritualidad que nos exige nuestra condición como revolucionarios.

Existe la gran verdad del bien y del mal. El colonialismo, y todo lo que representa, pertenece al mal, y no ha cambiado en nuestro país. Los bombardeos en Vieques pertenecen al mal, y no pretenden cambiarlo. La guerra pertenece al mal, y, los imperialistas, los capitalistas globalizadores y los tiranos y dictadores no quieren abandonar semejantes prácticas. La explotación de unas mayorías de los seres humanos por unas exiguas minorías de otros seres humanos pertenece al mal, y no quieren ceder ante las demandas de los pueblos por la justicia. La pobreza y la miseria, la hambruna injustificada, la desigualdad social, la insalubridad y las muertes por la ausencia de servicios de salud gratuitos, pertenecen al mal, y los mercaderes del mal hacen todo lo posible para que no cambie. Y, sobre todo, en estos momentos, el terrorismo, como concepción utilizada para lograr superar las injusticias que la humanidad vive pertenece al mal, y tiene que ser modificada como concepción debido a que, en el fondo, encierra dentro de sí la tendencia inaceptable de sustituir un mal por otros; un explotador, por otro.

Para los luchadores que defendemos los más elevados derechos de la humanidad, todo eso es inaceptable. Siempre hemos rechazado semejantes métodos que son inculcados y ejercidos, en primer lugar, por los mismos que pretenden impedir los cambios que favorezcan y beneficien a la humanidad.

La realidad existente en Vieques no ha cambiado. La realidad de explotación colonial no ha cambiado. La lucha para lograr la Paz para Vieques debe, tiene que continuar sin caer en la trampa de permitir que estos lamentables hechos sean manipulados por los gobiernos de los Estados Unidos y colonial para detener o desviar ese proceso de justicia y de paz para nuestros hermanos en la Isla Nena. Tampoco pueden ser manipulados para desviar la atención, o para permitir que se promueva la represión a los patriotas puertorriqueños en lucha, como la que están programando en estos mismos momentos. No permitamos que nuestro extraordinario sentido humano y de compasión nuble nuestro entendimiento y que nuestro objetivo de justicia sea desviado por el temor a ser acusados o demagógicamente condenados. Hemos vivido y vivimos con la verdad.

Sabemos de sus planes y pretensiones hacia Los Macheteros. Conocemos su intención de destruirnos. Pero les advertimos que no podrán destruir nuestras ideas y objetivos libertarios y de justicia. Amamos la vida y la libertad para nuestro pueblo. Pero no pretendan agredirnos o intentar justificar sus intenciones asesinas y políticas con engaños y manipulación, porque Los Macheteros no habremos de caer en sus trampas.

Somos hijos de Lares; somos hijos de Betances; somos hijos de do Pedro y, sobre todo, somos hijos y seguidores de la verdad, de la juticia, de la libertad y de la igualdad en bien de la humanidad. No les tememos porque nos sabemos portadores de la verdad y de la justicia y porque, con esas poderosas armas ideológicas y filosóficas, hemos aprendido a no temerle inclusive, a la posibilidad de la muerte. Nos sabemos hombres y mujeres muy sensitivos y adheridos a la verdad. Por ella luchamos.

En este primer acto de Lares del nuevo milenio, renovamos nuestro juramento inquebrantable de jamás sacrificar el espíritu que Lares instila en la conciencia de nuestro pueblo, y por ende, de Los Macheteros. Estamos seguros de que pertenecemos a las fuerzas del bien y así podemos gritar con la seguridad que el sentido de justicia y razón nos otorga:

¡QUE VIVA LA PAZ PARA VIEQUES!

¡QUE VIVA PUERTO RICO LIBRE!

¡HASTA LA VICTORIA, SIEMPRE!





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