Puerto Rico, las Antillas, nuestra América toda (II)
Fecha: 2005 07 05
Grupo: Ejército Popular Boricua - Macheteros (EPB)
País: Puerto Rico
Categoria : Comunicado
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(Continuación)

La tradición bolivariana fue recogida varios años después por el patriota puertorriqueño que mantuvo viva la lucha y la defensa de nuestra cultura y, admirador de Betances y de Hostos, al igual que de Bolívar, como una concepción fundamental para así mantener viva la idea de la libertad de nuestra patria: José de Diego.

José de Diego (1866 - 1918)
El antillanismo en José de Diego, que es la extensión de las ideas bolivarianas en el Caribe, ha sido expresado, no sólo en su obra política, sino también en su obra poética. Esas expresiones no pueden ser separadas de lo que fue su labor libertaria que, a su vez, constituía una sólida voz denunciatoria del colonialismo, especialmente en el período de su radicalización durante los últimos años de su vida. Ante la debilidad y temores del pueblo boricua, debilidad que fue premeditadamente proyectada por el gobierno de Estados Unidos, y ante la carencia de un liderato que estuviera en capacidad de organizar al pueblo y levantar su espíritu de lucha libertaria, José de Diego, al igual que Rosendo Matienzo Cintrón y otros, asumió su rol como continuador ideológico de la lucha patriótica cuyos antecesores fundamentales fueron Betances y Hostos.

Su liderato puede considerarse uno de transición que pudo garantizar la supervivencia de las concepciones de independencia de la generación que lo precedió. Su condición de clase no le permitió comprender la naturaleza de la inhumana explotación a que los trabajadores puertorriqueños eran sometidos, pero no perdió de vista la importancia de la nacionalidad, de la puertorriqueñidad y de los valores culturales a cuya defensa dedicó sus esfuerzos, particularmente durante los últimos años de su existencia. El peligro de genocidio cultural que se intentaba institucionalizar por los colonialistas yanquis, fue enfrentado por de Diego con su férrea defensa de la cultura puertorriqueña, de nuestro idioma y de nuestros valores idiosincrásicos. Supo ejercer un fuerte liderato político orientado por las ideas betancinas y martianas al fomentar la independencia y la unidad antillanas. Ante ello, tomaba como línea de defensa fundamental para los puertorriqueños la masificación de la educación. Nada mejor para demostrar esos valores bolivarianos y betancinos, que sus propias palabras, tanto poética como políticamente:
Cosas prácticas, cosas de realidad que irán concibiendo y encaminando el ensueño magnífico de Martí, Gómez, Hostos y Betances; irradiación que vive en mis ojos y contemplo en todas partes…

¡Bandera cubana! ¡Lábaro dominicano! ¡Estandarte puertorriqueño! ¡Rosas de las Antillas! ¡Constelación naciente del divino ideal!13
Políticamente, daba continuidad a esa aspiración antillana lanzada por Betances, Martí, Luperón, Gómez y tantos otros patriotas de aquella trascendental generación que promovían, como hoy ha sido retomado por el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, al igual que por el Presidente de la República (Martiana) de Cuba, Fidel Castro Ruz, la unidad latinoamericana y antillana. Ya a finales de 1915, José de Diego en unión a otros antillanos, fundó la Unión Antillana. Ferrer Canales cita la Base Primera del Primer Título:
–Constitúyese la “Unión Antillana” con el carácter de una institución favorecedora del estrechamiento de relaciones entre las Islas del Mar Caribe, principalmente de aquéllas unidas por su origen étnico y por la comunidad de su historia, con el propósito de sostener la plena soberanía y de fortalecer la dignidad, la libertad y la felicidad de los pueblos antillanos, en un amplio horizonte que alcance el supremo ideal de su futura confederación política. 14
Las ideas revolucionarias comenzadas con Valero fueron consecuentemente continuadas por los hermanos Vizcarrondo, por Betances, Hostos, Ruiz Belvis y muchos otros. José de Diego mantuvo viva la bandera de la confederación y unidad latinoamericanas y es en la figura de quien fuera uno de los más grandes patriotas representativos de las ansias libertarias del pueblo puertorriqueño, Pedro Albizu Campos, que se solidifica el pensamiento revolucionario de nuestros héroes.

Pedro Albizu Campos (1891 - 1965)
Pedro Albizu Campos es el máximo exponente de la lucha de los puertorriqueños por su libertad durante de siglo XX. Recogió con profunda fidelidad el pensamiento revolucionario histórico que no es otra cosa que la tradición de lucha de nuestro pueblo. Igualmente, supo interpretar y llevar a la práctica el legado de los postulados bolivarianos que orientaban hacia la unidad latinoamericana y caribeña, ideas que formaban parte de los objetivos patrióticos ya traducidos en práctica por las generaciones de Betances y de Diego.

No podemos afirmar que Pedro Albizu Campos fuera un marxista de formación. No lo fue. Fue nacionalista revolucionario, cuya trayectoria patriótica, sin lugar a dudas, estuvo enmarcada por tendencias claramente marxistas y socialistas, sin autoproclamarse como tal. Él no fue marxista, fundamentalmente, debido a su profunda fe religiosa la cual concibió como parte de la resistencia cultural al proceso de desculturización instigado por la invasión norteamericana de 1898. No aceptaba las tendencias ateas propulsadas por el marxismo dogmático que ha existido durante muchas décadas. Sin embargo, su práctica libertaria fue de recio contenido revolucionario, y varios de sus principales colaboradores fueron, como Juan Antonio Corretjer, personas de clara identificación ideológica marxista. Demás está decir que fue apoyado militantemente por los marxistas organizados en la patria y, sobre todo, en los momentos de mayor represión durante las décadas de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, por el Partido Comunista de Estados Unidos.

El marxismo, filosóficamente, rechaza la existencia de Dios. No obstante, por su propia esencia científica para analizar los sistemas socioeconómicos y políticos, no puede rechazar los procesos revolucionarios y lo que para esos procesos significan las luchas libertarias. Las luchas por la justicia social y la igualdad constituyen objetivos de las normas socialistas; han sido tendencias que han determinado el progreso humano, y por ende, parte integral de la metodología marxista de análisis. ¿Podemos acaso negar la enorme importancia que para las luchas de justicia social y libertaria de los pueblos tienen las formulaciones enmarcadas por la Teología de Liberación, o por las luchas de los indígenas por sus derechos, como es la representada en la actualidad por el revolucionario y socialista boliviano Evo Morales? Eso sí sería antimarxista. Pedro Albizu Campos fue un nacionalista revolucionario creyente, y, sobre todo, totalmente comprometido con toda reivindicación social y de avanzada en favor de los trabajadores y de todo el pueblo puertorriqueño, comenzando con su indiscutible compromiso con la independencia de la patria y con la unidad de todas las naciones caribeñas y latinoamericanas, fiel a la tradición histórica de todos nuestro próceres y mártires.

Nuestros más objetivos y respetados historiadores coinciden en esa valorización histórica respecto a Pedro Albizu Campos. Nos dice la historiadora Marisa Rosado:
Para Albizu tenía prioridad, sobre cualquier otra consideración, la conservación de las cualidades de excelencia de la personalidad puertorriqueña en sus múltiples facetas: aprecio por las gestas de hombres y mujeres de valía, el idioma, las costumbres, la unidad del pueblo, la educación desde el punto de vista nacional, el antirracismo [sic], el respeto a la mujer, la capacitación del país para gobernarse y dirigir su destino hacia lo que le conviene en su desarrollo como nación caribeña y latinoamericana y el orgullo de ser poseedor de una de las culturas más homogéneas, en comparación, claro está, con la cultura anglosajona.15
Igualmente, nos señala:
Albizu expuso desde sus primeros pasos en la política la tesis de que la independencia de Puerto Rico era una necesidad de la lucha antimperrialista [sic] iberoamericana y antillana. Llamó a estudiar la penetración norteamericana en el continente según ésta se manifestaba, a través de las intervenciones militares, económicas, culturales y religiosas.16
De igual importancia son las ideas expuestas por el Profesor José Manuel Torres Santiago, quien se ha destacado por sus importantes investigaciones relacionadas con la vida de Albizu:
No hay duda de que el pensamiento anticolonial y antimperrialista [sic] de Albizu Campos no sólo sigue vivo en las condiciones políticas vigentes en Puerto Rico sino también en las del Caribe y la América Latina. Su denuncia anticolonial y antimperrialista [sic] fue visionaria. … De ahí que también denunciara vehementemente las pretensiones de Estados Unidos de “adueñarse de las Antillas, convertir el Caribe en un lago yanqui, y así ejercer una influencia estratégica sobre México, Centro y Sur América”, la política de colonización y neocolonización de las repúblicas latinas con el pretexto de defenderse de la agresión foránea; y la penetración cultural.17
El 23 de septiembre de 1933, Pedro Albizu Campos dejaba muy claro su pensamiento estratégico de lucha: dar continuación a las ideas de Betances, Martí, Máximo Gómez y Hostos, entre otros. Tenía como fundamento los valores y objetivos establecidos por Simón Bolívar con relación a América Latina, la cual veía como una gran nación y Patria Grande, al decir del Presidente Hugo Chávez Frías en la actualidad. Para Albizu Campos, “Lares es la repercusión bolivariana de Ayacucho en las Antillas”.

Junto al deber y al derecho a rendir homenaje a los mártires de Lares, tenemos el de rendir homenaje a la memoria del Libertador. Él pensó en hacer con su espada forjadora de pueblos, la independencia de Cuba y Puerto Rico… Pero entonces intervino Estados Unidos ofreciendo su flota a España para que retuviese sus provincias antillanas. Así interrumpió el imperio yanqui el plan libertador de Bolívar.18

Albizu retomó y actualizó no sólo el pensamiento bolivariano articulado por Betances, sino también las ideas, concepciones y práctica de lucha armada que han dado cuerpo a nuestra tradición de lucha libertaria. Ya la historia en todo el mundo había demostrado que las colonias no logran su libertad debido a una inexistente “generosidad” de las metrópolis, sino gracias a la lucha más decidida generada por los pueblos en aras de la conquista de sus derechos usurpados. Betances nunca formó parte del reformismo conciliador que tanto daño le ha hecho al proceso de lucha libertaria de los puertorriqueños. Por el contrario, combatió sin tregua dicha tendencia y al fallecer dejó plasmada su concepción patriótica y revolucionaria al expresar: “¿Qué hacen los puertorriqueños que no se rebelan?”.

El nacionalismo revolucionario puertorriqueño ha dado ejemplos de hermoso heroísmo al mundo. Hombres y mujeres, bajo esa bandera albizuista y siguiendo los postulados de lucha patriótica y por la justicia social, actuaron con valor incomparable al atacar directamente la guarida del monstruo. Rafael Cancel Miranda, Oscar Collazo, Andrés Figueroa Cordero, Irvin Flores, Lolita Lebrón, Griselio Torresola y centenares de hombres y mujeres ofrecieron sus vidas en aras de esos ideales betancinos y albizuistas, profundizando esa tradición de lucha y regando con su sangre la semilla germinada de todos los revolucionarios, tanto de esa gloriosa generación, al igual que de los que hemos continuado por ese camino señalado.

En ese proceso de gloriosa lucha de los puertorriqueños encabezada por Pedro Albizu Campos, surgió de sus propias filas el continuador inmediato de la misma: Juan Antonio Corretjer.

Juan Antonio Corretjer Montes (1908 - 1985)
Juan Antonio Corretjer fue un ser humano extraordinario: siendo nacionalista, era bolivariano, siendo bolivariano, era socialista, siendo socialista era marxista, siendo marxista era un revolucionario, y siendo revolucionario, era poeta. Fue ideólogo y maestro, organizador unitario y de práctica consecuente, sin oportunismos, con principios irrefutables y profusos de amor hacia su pueblo y hacia la humanidad toda.

Su entendimiento de lo que era un nacionalismo revolucionario lo llevó a militar desde muy joven en las filas del Partido Nacionalista dirigido por Pedro Albizu Campos. Su obra poética hoy llega no sólo a los puertorriqueños, sino a toda la América Nuestra. Su obra política aún llena los corazones de todos quienes lo conocimos y compartíamos sus sueños. Después de lo que fuera la intensa represión a que fuera sometido el Partido Nacionalista durante las décadas de 1930 al 1950, y luego de compartir cárcel con quien es conocido en Puerto Rico como El Maestro, Pedro Albizu Campos, una vez El Maestro fuera encarcelado y torturado, Juan Antonio comienza a desarrollar los fundamentos para la creación de lo que fue la Liga Socialista Puertorriqueña.

La cultura política de Juan Antonio marcha a la par con su gigantesca cultura literaria y en todas las artes. Su sensibilidad humana la pudo proyectar a través de su sensibilidad poética y política, como genuino revolucionario. Su guía, su orientación, su vida, siempre fue canalizada por ideas fijas, inquebrantables en su alma, infranqueables en su concepción que siempre fue, aunque la más difícil de llevar a cabo, la más honesta, directa y valiente. Era incorruptible.

El 22 de mayo de 1935, tras Albizu haber enviado a Juan Antonio como delegado a Cuba para gestionar apoyo a la causa libertaria del nacionalismo y del pueblo puertorriqueño, y por razón de Corretjer haber sido arrestado y encarcelado en el Castillo del Príncipe, Albizu escribe al entonces Presidente de la República de Cuba, el señor Carlos Mendieta, solicitando la excarcelación del patriota puertorriqueño. Al dirigirse a Mendieta, que era en realidad un incondicional del dictador Fulgencio Batista, Albizu le recuerda los sacrificios de los puertorriqueños durante las diversas guerras llevadas a cabo por el hermano pueblo para lograr su independencia:
... El juramento que juntó para la eternidad a Martí y de Hostos, Maceo y Rius Rivera, Estrada Palma y Betances, está por cumplirse por los cubanos, quienes saben que Puerto Rico pagó con su esclavitud el precio de la independencia de Cuba. Más de dos mil puertorriqueños murieron en los campos de batalla de Cuba para fundar esa República. Sabemos que los cubanos quieren hacer válido aquel juramento ante su posteridad y nos hemos apresurado a enviar ante ellos a un hombre que representa las vinculaciones inviolables entre las dos naciones antillanas. 19

Sin lugar a dudas, la concepción de unidad caribeña y latinoamericana continuaba sin tregua como responsabilidad históricamente legada por nuestra tradición libertaria y revolucionaria. Albizu enviaba a Corretjer a Cuba para estrechar esos vínculos y procurar que unas promesas que consideraba indisolubles, fueran cumplidas por parte de quienes tenían la obligación de hacerlo. En ésos momentos, los que gobernaban a Cuba no representaban esos compromisos, pero sí quienes combatían a esos que ya habían vendido su alma al monstruo norteño. Pero Albizu sí estaba inmerso en el compromiso contraído y sellado con sangre por patriotas boricuas en la manigua cubana. Los cubanos más solidarios de entonces eran, sin lugar a dudas, socialistas, marxistas muy definidos y comprometidos. Esa oposición compuesta por revolucionarios e intelectuales de enorme valía, entre ellos Antonio Guiteras, Juan Marinello, Blas Roca, Pablo de la Torriente Brau, Emilio Roig de Leuchsenring, Nicolás Guillén y decenas de revolucionarios cubanos que también amaban a Puerto Rico, era la que apoyaba a Corretjer cumpliendo el compromiso reclamado por Pedro Albizu Campos. Allí también se fue consolidando en nuestro Corretjer un pensamiento altamente progresista que lo condujo hacia la definición de un nacionalismo revolucionario en oposición al nacionalismo chauvinista y reaccionario que caracteriza a las burguesías nacionales. El nacionalismo revolucionario albizuista de Corretjer es el nacionalismo de todos los patriotas puertorriqueños de la actualidad. Es el nacionalismo de la puertorriqueñidad.

Corretjer mantuvo durante toda su vida el compromiso fundamental de dos aspectos de una misma lucha: la independencia nacional para la nación puertorriqueña, y la instauración de un sistema social fundamentado en la justicia, en la igualdad, y en los medios de producción en manos de quienes producen, o sea, un sistema político y social ideológicamente y estructuralmente socialista.

Pero Corretjer, sobre todo, fue un ser humano de profunda cultura y conocimientos de la teoría marxista y revolucionaria. Tal y como su práctica ha demostrado, sus conocimientos de la historia de nuestra nación, del Caribe y de Nuestra América, fueron en todos sus aspectos, muy profundos. Por tal razón supo conjugar de manera dialéctica todos los elementos de la realidad nacional y reconocer el marco internacional en el cual nuestra lucha se desarrolla. Con su profunda sensibilidad supo valorar la trascendencia histórica de Simón Bolívar, de sus valores ideológicos y sus objetivos políticos de unidad latinoamericana y caribeña. Quizás nada lo demuestre con tanto refinamiento intelectual como la siguiente poesía:


El tiempo no acaba
“Un tiempo que nunca acaba.
150 años se harán miles de siglos.
Y el corcel iluminará con sus chispas piafantes
sobre la piedra inmemorial
el mañana sin fin, nutrirá el sol que no se pone.
Brota la libertad en donde pisa.
Mil Orinocos se multiplicarán por mil,
por millones y millones. Romperán todas
las fluviales computadoras. Las aguas
quedarán lisas y claras pulidas por
el galope incesante.
Como una suave rampa de espuma y terciopelo
será para su paso de potro audaz el bárbaro
Raudal de Santa Bárbara.
Todo quedará nuevo, reluciente.
Jamás habrá noche porque sus ojos miran.
América y el mundo brillarán
porque reflejan aquel fulgor
que eternamente habla
con delirante luz
en Chimborazo romántico.
Ayacucho se llamará Chipote.
Junín se llamará Stalingrado.
Vietnam se llamará Bolívar.
Bajo el jinete de esmeralda
el caballo con alas volará de siglo en siglo,
de Ayacucho en Ayacucho,
de Chipote en Chipote,
de Junín en Junín,
de Vietnam en Bolívar,
de Bolívar en Bolívar.
Y nuevas libertades brotarán como yerbas
dondequiera que el caballo llanero ponga
sus mágicos cascos sembradores.
Porque el tiempo del pueblo nunca acaba.
El pueblo nunca acaba.
El bravo pueblo nunca acaba.
Porque el tiempo Ayacucho nunca acaba.
Si terminara todo acabaría.
No tendríamos sentido de proporción.
Seríamos muy desgraciados.
Ignoraríamos que la libertad crece y crece.
Porque hay un tiempo infinito.
El tiempo triunfador.
Tiempo Bolívar que no acaba.”20

El legado de Juan Antonio Corretjer, su armonización revolucionaria entre nación, patria, pueblo, justicia social, socialismo, es tan grande como lo es su poesía. Su corazón era pueblo, humanidad. Entre el Juan Antonio revolucionario y el Juan Antonio poeta no existe contradicción o prioridad; ambos marcharon paralelamente hacia la conquista del ideal simbiótico que para él lo fue: patria libre y soberana, patria justa y socialista. Se complementaban.

Juan Antonio desarrolló una intensa lucha ideológica para hacerles frente a las tendencias reformistas aplicadas por algunos sectores independentistas, al igual que a aquellos que participaban en el proceso electoral colonial el cual él consideraba les hacía el juego a los enemigos de nuestro pueblo. Reclamó como un derecho legítimo de los revolucionarios el recurrir a la lucha armada como medio para lograr nuestra independencia.

Fue bolivariano activo. Nada mejor que, además de su obra poética, sus concepciones políticas y sobre todo, sus análisis e interpretaciones históricas. Si algo refleja esta tendencia bolivariana que fue expuesta en decenas de documentos y poesías, son las palabras que, refiriéndose a Albizu Campos escribiera en el año 1963:
Cuatro puntos fundamentales dan base a la orientación antillanista del líder de la independencia de Puerto Rico Pedro Albizu Campos: (1) independencia de Puerto Rico; (2) Confederación Antillana; (3) Unión Latinoamericana; (4) Hegemonía espiritual de las naciones latinoamericanas. Es su trabajo sobre el segundo el que tratamos en esta nota.
En vísperas de su viaje por las Antillas en 1927, Albizu Campos dice a Luis Antonio Miranda: —“El archipiélago antillano ocupa una posición privilegiada en la geografía mundial. Se hace imprescindible arrojar de sus territorios a Estados Unidos y consolidarlos bajo una confederación con suficiente poder naval para resistir cualquier revancha. Porque no me cabe duda de la decisión que habría de tener cualquier guerra (en el Caribe). Esto no terminará hasta reducir a la impotencia al imperialismo norteamericano.21
Estas palabras las escribe Juan Antonio poco antes del fallecimiento de nuestro Albizu. Las mismas denotan, además del pensamiento bolivariano de Albizu, la profunda convicción propia que como legado histórico reforzó con su práctica revolucionaria y supo pasar a las generaciones revolucionarias quienes, como Los Macheteros, recogemos el estandarte de todas esas ideas revolucionarias y las ejecutamos consecuentemente en aras de nuestra libertad, de la justicia social y de la igualdad.
A Juan Antonio, aún siendo Secretario General de la Liga Socialista Puertorriqueña, organización que siempre estuvo hermanada al Ejército Popular Boricua - MACHETEROS, le fue otorgado el rango de Comandante Honorario de Los Macheteros. Nos hemos sentido muy honrados por la aceptación públicamente expresada por Juan Antonio al momento de recibir nuestro nombramiento.

Ejército Popular Boricua
– MACHETEROS (década de 1970 – al presente)
Desde el momento en que el Coronel Hugo Chávez Frías fue elegido a la presidencia del gobierno de Venezuela en el año 1998, y comenzara lo que ha sido su clara política de integración latinoamericana y caribeña, nuevos espacios y esperanzas se han abierto para todas nuestras naciones y pueblos al igual que para los que, en Puerto Rico, aún luchamos por una patria libre y una hermandad caribeña y latinoamericana fiel al pensamiento de nuestros más destacados próceres revolucionarios. El sueño betancino, martiano y de tantos otros próceres caribeños, sin embargo, tiene que ser precedido por lo que es una precisa e imprescindible conquista para poder marchar en esa dirección: la independencia de la nación puertorriqueña y el ejercicio de total soberanía del pueblo boricua sobre su destino.

El Ejército Popular Boricua – MACHETEROS, durante décadas, ha luchado por la independencia de nuestra patria dando fiel seguimiento a esa tradición de lucha que, como ya hemos expresado, es el legado y continuidad histórica de todos los grandes revolucionarios boricuas que durante siglos nos han precedido. El colonialismo yanqui, la total ausencia de soberanía, y la existencia de una burguesía compradora y lumpen que está en dependencia de la metrópoli colonial, constituyen los elementos básicos que los puertorriqueños tenemos que derrotar. Los objetivos de la aplicación de las políticas coloniales con relación a la economía nacional puertorriqueña, la educación, y de control sobre todos los medios de comunicación, les ha permitido, además de apoderarse criminalmente de todo lo que nuestro pueblo es capaz de producir, aplicar políticas destructivas de todo sentido de puertorriqueñidad, y de manera muy particular, afectar la psiquis de los puertorriqueños creando inseguridad tanto individual como colectiva en nuestra población. Si alguna nación del mundo pudiera servir como comprobación de las teorías de Frantz Fanon, ése lo es nuestro pueblo. Decía Fanon:

El colono hace la historia y sabe que la hace. Y como se refiere constantemente a la historia de la metrópoli, indica claramente que está aquí como prolongación de esa metrópoli. La historia que escribe no es, pues, la historia del país al que despoja, sino la historia de su nación en tanto que ésta piratea, viola y hambrea. La inmovilidad a que está condenado el colonizado no puede ser impugnada sino cuando el colonizado decide poner término a la historia de la colonización, a la historia del pillaje, para hacer existir la historia de la nación, la historia de la descolonización. 22

Las explicaciones de Fanon están orientadas a demostrar lo que es la violencia del colonizado como fuerza liberadora; violencia que, en ocasiones, ha sido llevada a cabo sin contemplaciones ni remordimientos por los pueblos colonizados que así se han expresado, tanto en África como en América. El imperialismo colonialista norteamericano, por su aplicación de políticas genocidas y destructivas de la personalidad de pueblo de los puertorriqueños, al día de hoy ha logrado crear a un puertorriqueño con una profunda dosis de violencia reprimida cuya explosión, al darse, sería completamente incontenible.

Nuestro pueblo no es diferente a ningún otro pueblo del mundo. La reacción de otros pueblos, si fueran sometidos a condiciones similares a las nuestras, habrían de ser las mismas que los puertorriqueños demostramos. Sin embargo, las condiciones aplicadas por los colonialistas yanquis en Puerto Rico han sido muy diferentes a lo que ha sido la experiencia de explotación en la casi totalidad de naciones coloniales que han existido. En nuestro país, el objetivo ha sido, por un lado, lograr la desaparición de la resistencia mediante la aplicación de políticas orientadas hacia el genocidio cultural, que es sinónimo de la destrucción de la personalidad del pueblo puertorriqueño como tal, y por el otro, crear un estado total de dependencia económica y psicológica para, dadas las circunstancias, poder sobrevivir.

El comienzo de dicha política genocida fue en el momento en el cual los colonialistas yanquis demostraron su enorme poderío militar, aplicando una política puramente terrorista orientada hacia la intimidación más brutal de nuestra población. Esa fue una invasión ejecutada en contra de un pueblo que ya tenía arraigada las tendencias coloniales en su conciencia, gracias a casi 400 años de colonialismo español y, por ende, todos los padecimientos inherentes a los pueblos sometidos a la barbarie del colonialismo, particularmente cuando su población indígena fuera totalmente eliminada.

Todas las políticas yanquis impuestas por la fuerza sobre nuestro pueblo llevaban esa línea de orientación genocida. Es por eso que, además de destruir toda la economía boricua tendiente a lograr una autosuficiencia para la supervivencia y, en su lugar, institucionalizar una economía totalmente dependiente y en manos de los capitalistas yanquis, hicieron todo lo posible por destruir nuestras raíces culturales imponiendo una educación orientada hacia la eliminación del idioma español y su suplantación por el inglés. Eliminaron e imposibilitaron la enseñanza de nuestra verdadera historia, que contenía sólidos ejemplos de orientación libertaria, y la sustituyeron con la historia de Estados Unidos al igual que la introducción forzada y metódica de las costumbres y los estilos de vida pertenecientes al pueblo de Estados Unidos. Aplicaron una política de emigración forzada, ya desde principios del siglo XX, política que condujo a miles de boricuas no sólo hacia el territorio de la metrópoli para hacer los trabajos más duros y menos remunerados, sino también a lugares tan distantes como Hawai e Islas Filipinas. Eliminaron todos los mecanismos de gobierno que, con la autonomía lograda por los puertorriqueños poco antes de su invasión, colocaba en manos puertorriqueñas importantes renglones de la administración militar del país, para imponer una copia colonial de los mecanismos de gobierno yanquis, bajo la fachada de democracia.

El terror, constantemente ejecutado mediante políticas represivas cuyos propósitos han sido los de impedir y eliminar toda tendencia libertaria de nuestra nación y de verdadera justicia social, ha sido una constante desde el mismo momento en que invadieron nuestro suelo, hasta el presente. El hecho de implantar en la conciencia y subconciencia de los puertorriqueños la idea de que sin los yanquis todos nos moriríamos de hambre es terrorismo psicológico cuya ejecución fue premeditadamente planificada; terrorismo es el infundir miedo a ser reprimido y encarcelado por el mero hecho de ser poseedor de una bandera puertorriqueña en tu hogar; terrorismo es el desarraigar a los puertorriqueños de lo que es su esencia como seres humanos, de su historia, de la hermandad de quienes como tú comparten tu entorno geográfico e historia común; terrorismo es el obligar a los niños a estudiar en un idioma extraño, y a su vez humillar a quienes rechazaban esa criminal tendencia; terrorismo es obligar a una juventud puertorriqueña a pelear en guerras contra pueblos inocentes que ningún daño han hecho a los puertorriqueños; terrorismo es controlar y decidir sobre quién entra o no a Puerto Rico, la imposición de una Corte Federal que se impone sobre la local, decidir quién puede o no establecer una estación radial o televisiva, o prensa y, a su vez definir su contenido; terrorismo es convertir a nuestro pueblo en conejillo de Indias para experimentar con medicamentos cuyos efectos son desconocidos, lanzar sobre nuestras montañas agentes químicos, como el agente naranja, para luego utilizarlos contra otros pueblos indefensos; terrorismo es convertir a nuestra isla de Vieques en un centro de entrenamiento para la Marina de Guerra yanqui y utilizarla como polígono de tiro al blanco sin tomar en consideración a nuestra población allí residente.

La lista sobre acciones terroristas cometidas contra nuestro pueblo es interminable. Todas han tenido un efecto extremadamente nocivo sobre la calidad de vida de los puertorriqueños, y muy particularmente, con relación a los daños psicológicos. Es por eso que la cifra de puertorriqueños que sufre de algún tipo de desorden mental o enfermedad se encuentra entre los niveles más elevados del mundo. Sin embargo, ninguno de los crímenes cometidos contra nosotros han podido disuadir a nuestro pueblo de aprender una historia que, para todos los elementos prácticos ha sido difundida casi clandestinamente, pues en ningún momento el oficialismo ha hecho esfuerzos para que nuestra juventud tenga conocimiento pleno de nuestra herencia cultural, de nuestra tradición de lucha.

Centenares de hombres y mujeres ubicados en todas las esferas sociales y organizaciones patrióticas y libertarias que se han generado en nuestra nación, a través de toda nuestra vida como pueblo, han actuado como propagadores de nuestra verdadera historia opacando el esfuerzo destructivo que los colonialistas han llevado a cabo como política. Podrán haber sido organizaciones pequeñas, y en numerosas ocasiones, personas quienes, a nivel individual, se han tomado la responsabilidad de estudiar y diseminar con esfuerzos propios nuestra historia y herencia cultural verdadera. Igualmente, los estudios e investigaciones realizadas por los más destacados intelectuales puertorriqueños, recurriendo a archivos de numerosas naciones como Cuba, República Dominicana, Haití, Venezuela y España, han mantenido registradas muchas de las gestas de los puertorriqueños a través de los siglos y han sido difundidas casi de manera clandestina a nuestra población. Ésa ha sido la forma mediante la cual nuestro pueblo ha podido mantener viva en la memoria la verdadera historia de nuestros luchadores y nuestro pueblo. No han sido las instituciones del colonialismo español, o las de Estados Unidos quienes han propagado nuestra historia real, sino esa intelectualidad patriótica de puertorriqueños la que ha garantizado que esos esfuerzos jamás se perdieran y que, en el fondo, sirvieran para mantener viva la esperanza, la convicción, la nacionalidad, nuestra cultura, y propagar lo que el enemigo de nuestro pueblo es incapaz de derrotar o de eliminar: la conciencia nacional y personalidad de pueblo de los puertorriqueños.

Las ideas bolivarianas, ésas que hoy se propagan con una fuerza indetenible, las hemos conocido a través de esos seres humanos que las han mantenido vivas. Los Macheteros hemos tomado esas banderas: la bandera de la libertad, independencia y soberanía total para nuestro pueblo; la bandera de la integración de las Antillas en una gloriosa Confederación Antillana; la idea de una unidad entre todas las naciones de Nuestra América hasta la creación de la Patria Grande, que fue el sueño de Bolívar, al igual que fue el sueño de todos los más comprometidos próceres y mártires caribeños y de América Latina.

La independencia de la nación puertorriqueña representa un paso de importancia estratégica en el proceso de total liberación e independencia de toda la América nuestra. Un Puerto Rico sometido al brutal colonialismo yanqui, no es sino una amenaza a la soberanía de nuestros pueblos hermanos debido a la utilización que ellos hacen de nuestro territorio. Para los colonialistas yanquis, Puerto Rico ha sido utilizado como bastión militar desde donde han sido lanzadas invasiones y agresiones dirigidas a los pueblos de Centro y Sur América. Tropas yanquis han salido de bases yanquis en territorio puertorriqueño para agredir a nuestros hermanos de la República Dominicana, al igual que a Cuba, Granada, Nicaragua, Panamá; han utilizado nuestro territorio para el lanzamiento de siniestros operativos encubiertos por la CIA contra Venezuela, Colombia y otras naciones hermanas. Ya había sido advertido por nuestro querido Pedro Albizu Campos cuando dijo que mientras Puerto Rico fuera colonia yanqui, América Latina no podría ser libre.

El Ejército Popular Boricua no es sino continuador de la inspiración bolivariana convertida en tradición de lucha por nuestros insignes patriotas y revolucionarios. El gobierno de Estados Unidos les declaró la guerra a los puertorriqueños el 25 de julio de 1898 al bombardearnos, invadirnos y ocupar militarmente nuestro territorio nacional. Han convertido a nuestro pueblo en esclavo, no solamente en los aspectos que tienen que ver con la producción material como obreros asalariados, sino además en esclavo de sus políticas sanguinarias de guerras y ocupación de tierras lejanas cuyos pueblos en nada han ofendido al nuestro, y han obligado a nuestra juventud a servir en sus fuerzas de agresión. Sin embargo, ya esa tradición histórica de lucha estaba en desarrollo cuando se gestaban esfuerzos emancipadores y contra el coloniaje español, tradición que ha continuado hasta el día de hoy.
Bolívar es, para los puertorriqueños, símbolo de libertad; es unidad latinoamericana; es igualdad y ha sido el hilo conductor que ha generado una tradición histórica de lucha y de libertad para, con ella, vincularnos al proceso de creación de la Patria Grande.

Los Macheteros habremos de ser consecuentes con esa tradición de lucha; con esos principios bolivarianos unitarios para Nuestra América que, naturalmente, incluye a nuestras Antillas. Luchamos por una patria libre, soberana y a favor de esa unificación latinoamericana propulsada a través de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), que se convertirá en garantía de integración económica, y de futuro justo y equitativo para todos nuestros pueblos. Es el sueño bolivariano, es el sueño de todos los puertorriqueños amantes de la libertad. Recordemos las palabras pronunciadas por Betances, con motivo de la inauguración de la Biblioteca Bolívar en París, cuando invitó a los latinoamericanos “a hacer en nuestros países, a la sombra del nombre venerado de Bolívar, la guerra a la guerra para establecer para siempre la solidaridad más vigorosa entre las naciones suramericanas”.


* 5 de julio de 2005. El autor fue, hasta el 23 de septiembre, Responsable General del Ejército Popular Boricua – MACHETEROS. Ese día, tras ser herido por un francotirador en una confrontación con decenas de agentes represivos de Estados Unidos en el municipio de Hormigueros, Puerto Rico, murió desangrado cuando estos no le proveyeron asistencia médica.



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