Entrevista a Ariel Collazo: "El único camino es el de la guerra revolucionaria"
Fecha: 1970 01 06
Grupo: Movimiento Revolucionario Oriental-Fuerzas Armadas Revolucionarias Orientales (MRO-FARO)
País: Uruguay
Categoria : Comunicado
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ENTREVISTA A ARIEL COLLAZO: "EL ÚNICO CAMINO ES EL DE LA GUERRA REVOLUCIONARIA"*

Durante su reciente visita a Chile, el diputado uruguayo Ariel B. Collazo concedió a PUNTO FINAL la siguiente entrevista exclusiva.

Collazo (abogado, 40 años, casado con una profesora chilena, tres hijos) fue electo en 1959 diputado por el Partido Nacional (blanco). En virtud de su decidido apoyo a la Revolución Cubana, debió alejarse del por entonces partido de gobierno del Uruguay, fundando en 1961 el M.R.O. (Movimiento Revolucionario Oriental). En 1962 el M.R.O. fundó junto con el P. Comunista y otros grupos, el F.I.DEL. (Frente Izquierda de Liberación). Collazo es director de la Revista "América Latina", desde 1967.

¿Cuál fue la situación y las relaciones de la izquierda uruguaya en estos dos años últimos, posteriores al decreto de disolución de diciembre de 1967?

"Un mes después del decreto, en enero de 1968, el primer hecho importante fue la sorprendente reunión efectuada en la casa de la Presidencia, nada menos que entre Pacheco Areco y Arismendi. Nunca trascendió lo tratado, aunque se habló de un supuesto acuerdo de no agresión frontal para los cuatro años siguientes".

¿Y qué sucedió en este último año?

"Las diferencias ideológicas entre reformismo y revolución se manifestaron en todos los planos. En lo político, el prestigio de los Tupamaros fue en constante ascenso, con hechos resonantes como el de la Financiera Monty, la toma de Radio Sarandí y el secuestro de Pellegrini Giampietro y el propio operativo Pando, mientras la línea del FIDEL y el PC se desdibujaba cada día, su diario "El Popular" no podía realizar ninguna prédica de efectiva oposición (a la huelga de hambre de los obreros frigoríficos la tenía que llamar no ingestión de alimentos, para no mencionar la palabra huelga), y la anhelada alianza con sectores blancos, colorados y del PDC para formar un frente político a través del Movimiento de las Libertades y la Soberanía, naufragaba en forma definitiva, ante la desaparición de todo interesado en un frente de tal tipo.

En lo sindical, nunca la línea del PC estuvo más baja. La entrega del conflicto bancario hecha por sus representantes, el conflicto de UTE (Usinas y Teléfonos del Estado) y la huelga larga de los frigoríficos, fueron los puntos más señalados de una política de diálogo y conciliación.

En lo estudiantil, la línea reformista fue desalojada de la dirección de la FEUU en junio pasado, cuando la Convención designó un Consejo Federal de siete miembros, donde sólo uno pertenece a la UJC y hay cinco independientes.

En lo organizativo, el PC ha perdido en cantidad, aunque sus dirigentes sostienen lo contrario, pero sobre todo ha perdido en calidad, en cuadros combativos, en entusiasmo para la lucha. Su dirigencia se ha envejecido e impermeabilizado, y el ascenso de los más jóvenes se hace por cuentagotas. Y sin embargo, su masa, sus trabajadores, sus estudiantes, son revolucionarios, como lo probaron Líber Arce, Hugo de los Santos y Susana Pintos con su ejemplar sacrificio".

¿Cuáles son las relaciones actuales dentro de la izquierda, entre las distintas organizaciones revolucionarias?

De las organizaciones del Acuerdo de "Época", la FAU y el MRO se han manifes¬tado claramente a favor de la línea revolucionaria. El P. S. también, y su semanario "Izquierda" fue clausurado por expresar esa línea en el mes de julio, al tiempo que se encarcelaba en un cuartel a su director, el ex diputado socialista Vivían Trías.

Ahora apareció "El Oriental", un nuevo semanario que sigue la línea de "Izquierda" y de "El Sol". El MIR, que en Uruguay busca expresar la ideología y el pensamiento de Mao Tse-tung, ha hecho en su nuevo periódico, "Voz Obrera", una crítica de la línea de los Tupamaros, por considerarlo "foquismo", pero su prédica es también revolucionaria, y al tiempo que ha hecho importantes aportes ideológicos, está efectuando una autocrítica da algunos de esos juicios. El MAPU no ha desaparecido oficialmente, pero sus dirigentes principales han pasado a integrar el GAU (Grupos de Acción Unificadora), junto al dirigente de la CNT Héctor Rodríguez y diversos núcleos obreros. Su línea política recién ha comenzado a conocerse.

¿Pero existen diferencias entre unas y otras organizaciones?

"Pienso que más que entre diferentes organizaciones, las diferencias se centran en determinados problemas que el proceso presenta. Este año se discutieron mucho en distintas publicaciones dos temas: el de la ligazón con las masas y el de la posición frente al reformismo.

1) El primero consiste en aprender cómo al mismo tiempo que se desarrolla un aparato militar, se puede trabar ligazón con las masas. Los que ponen el acento en la labor de masas, sostienen que la realización puramente de acciones militares constituye "foquismo", es ajeno a la experiencia de las masas, que deben realizarla por sí mismas y no por ejemplos ajenos, por más heroicos que ellos sean, porque en esa caso, la masa prosigue siendo mera espectadora y no protagonista del proceso, y éste no consigue avanzar. Los que ponen el acento en las ta¬reas militares, sostienen por su parte que éstas están primero si de verdad se quiere desarrollar la lucha armada, porque de lo contrario, a pretexto de realizar un previo trabajo político de masas, se cae en el reformismo y en las tácticas de lucha pacíficas ya conocidas y gastadas.

La discusión ha avanzado ya mucho, y hoy se considera que lo que debe resolverse son los problemas del cuándo y del cómo se hacen las tareas de masas y las político-militares.

El problema del cuándo, consiste en saber si se debe realizar el trabajo de masas antes, simultáneamente o después de la creación del aparato militar. Si se debe hacer antes el trabajo de masas, se posterga indefinidamente la tarea militar y se cae en el reformismo. Si se debe hacer después el trabajo de masas, se corre el riesgo de caer en una desviación militarista y a la larga esto dificultará el crecimiento del propio aparato militar, que necesita de la población y de la masa para sobrevivir. La conclusión parece ser obviamente la de la simultaneidad de ambas tareas.

Sin embargo, con esto no está resuelto el problema porque falta definir el cómo, es decir, en qué consiste el trabajo de masas. En esa discusión, ha comenzado a aceptarse ahora la distinción hecha por documentos del héroe brasileño Carlos Marighela, entre trabajo de masas, que es el que se conoce tradicionalmente de la lucha por reivindicaciones económicas o de las elecciones sindicales, del "frente" de masas, que es el destinado a desarrollar en las masas las tareas político-militares de la lucha armada, obteniendo en la masa el apoyo, uno por uno, o grupo por grupo, de personas que estén dispuestas a proporcionar su casa, su vehículo, su actividad personal, etc., para las tareas de la revolución.

2) El segundo problema en discusión es el de la oposición frente al reformismo. En la primera etapa la lucha la libran en mayor medida los sectores que tienen más fácil acceso a la cultura, tales como los estudiantes, la intelectualidad, las capas medias. La clase obrera se mantiene mayoritariamente ajena al proceso. Para que éste avance es necesario que los obreros se incorporen, pero éstos se encuentran frenados por la ideología y la organización sindical reformistas, encabezados por los PC en casi todo el continente.

Por tanto, es necesario librar la batalla ideológica contra esa concepción, para abrir el cauce a la incorporación obrera.

Lo que sin embargo puede ser aconsejable, como lo hacen los Tupamaros, es no plantear esta batalla frontalmente, de organización a organización política, sino ideológicamente, de publicación a publicación y en las reuniones políticas, obreras y estu¬diantiles de todo tipo".

¿Cuál será por tanto, en su opinión, el camino en el futuro?

"El único camino es el de la guerra revolucionaria. La ideología ya está dada, y fue expresada por la OLAS, en la orientación del nacionalismo revolucionario con la guía de las ideas marxistas-leninistas.

La estrategia política es de lucha larga y a nivel continental y regional. Hay países del Cono Sur, como Bolivia o Paraguay, que no tienen grandes ciudades para desencadenar una efectiva lucha urbana, que debe ser siempre previa a la rural. A la inversa, hay países que tienen grandes ciudades pero carecen de zonas rurales aptas para desencadenar la guerra en el campo, como es el caso del Uruguay. La combinación de todas esas luchas, tan temida por el imperialismo en la época de la OLAS y del Che, sigue siendo la gran solución estratégica que debería ser profundizada por las organizaciones revolucionarias.

Su táctica política sólo puede ser la del desencadenamiento de la lucha armada en los lugares más aptos, que para cada revolucionario constituye un deber "aquí y ahora", y donde las grandes ciudades sean los pulmones de apoyo a la lucha en el campo.

Esa táctica exige destruir todas las ilusiones reformistas, en sus múltiples variantes, combatiendo por igual al reformismo burgués (Frondizi, Belaúnde, Betancourt), o a su variante democristiana, tanto como al reformismo originado en la propia izquierda, que ya hemos analizado.
Pero el reformismo tiene mil cabezas y ahora ha aparecido bajo la forma de gobiernos militares, en Perú y en Bolivia, ilusionando a muchos sectores de la propia izquierda. EEUU sabe que no podría sostener otro u otros Vietnam, porque no tiene recursos materiales, militares, políticos ni morales para hacerlo, por lo cual busca, disminuir la oposición violenta a su predominio, haciendo algunas concesiones. Por eso no enfrenta la nacionalización de la IPC en Perú, o la de la Gulf Oil en Bolivia, o la eventual de la minería chilena, porque sabe que igual seguirá teniendo el dominio de su comercialización.

También está dispuesto a admitir, y aun a impulsar, la eliminación del feudalismo en el campo, para sustituirlo por formas capitalistas, que aseguren que los campesinos se desarrollen y se transformen en un aliado y no en un enemigo suyo, aumentando a la vez el mercado consumidor de su producción industrial. Esto explica la reforma agraria peruana y otras.

Por último, EE UU prefiere admitir o transformar en socios a los industriales latinoamericanos, porque ya se ha asegurado en todos estos países el dominio del capital financiero, a través del monopolio de la banca. El capital industrial puede tener diversos dueños, aunque casi todos los grandes son socios suyos, pero el capital financiero, que es el que manda, tiene un solo dueño: EE UU y sus monopolios.

Esta es la política reformista, de origen militar, sobre la cual tenemos que esclarecer bien al pueblo, que el propio imperialismo tolera en la nueva política de Nixon, haciendo concesiones en algunos campos, para ganar en otros, paro manteniendo en definitiva la dirección de todas nuestras economías.

Por eso, la denuncia de las tácticas políticas reformistas debe ser 'hecha implacablemente, sin concesiones ideológicas, sin alentar falsas ilusiones en el pueblo, para evitar las previsibles frustraciones posteriores que habrá de traer el proceso. Que el reformismo haga todas las reformas que quiera y pueda, pero que esto no afecte nunca el trabajo revolucionario, radicalizando la lucha, creando su propia fuerza, la del pueblo, la única que cuando tome el poder podrá hacer de verdad la revolución y liberarnos del imperialismo.

El movimiento revolucionario en el Cono Sur ya se ha puesto a andar y ya no podrá ser detenido, a pesar de los reveses transitorios. En varios países ha pasado ya su primera etapa exitosamente, y ahora sabe cómo y de quiénes obtener los recursos, como conseguir las armas, cómo liberar a sus prisioneros, lo que se ha logrado a través de su más importante victoria: la prueba y formación de sus combatientes.

En la etapa siguiente, de propaganda, la prensa legal que la reacción ha clausurado ha sido sustituida por la clandestina, a mimeógrafo y aun a imprenta, pero que ya cuenta con mayor cantidad de lectores políticos que la del imperialismo. La prensa oral a través de emisiones de radio y aun de televisión clandestinas, ya se ha probado en Brasil y en Uruguay, y los argelinos la usaron durante tres años. Las redes de información del pueblo se van haciendo más eficaces que las del propio régimen. La lucha urbana va llegando al campo. Las direcciones revolucionarias han aprendido a funcionar en la clandestinidad.

El camino está abierto. Dos años después de su asesinato, el propio Che no reconocería en esta América del Sur combatiente de hoy, a la que él mismo intentó despertar en 1967. Dos nuevos mártires se transformaron en héroes este año: inti Peredo y Carlos Marighela, pero su sangre, como la del Che, no hará sino crear miles y miles de combatientes más, dispuestos a tomar su fusil.

También en Uruguay, Carlos Flores Álvarez, Mario Robaina, Líber Arce, Hugo de los Santos, Susana Pintos, Arturo Recalde, Jorge Sailrno, Alfredo Culteili, Ricardo Zabalza e Indalecio Olivera han debido pagar con su vida el derecho a levantar bien alto en la tierra de Artigas, el grito americano de ¡Patria o Muerte!"

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* Publicado en el número 95 de la revista Punto Final, con el título "Los tupamaros abren una ruta revolucionaria".


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