El señor Petro

EL SEÑOR PETRO

Por: Iván Márquez / Integrante del Secretariado de las FARC

En abierto apoyo al Plan Patriota del South Command de los Estados Unidos, dispara contra las FARC desde su fatua trinchera un desatinado francotirador, desmovilizado del M-19, de nombre Gustavo Petro.

Y esos disparos no vienen del Polo; estamos seguros.

Luego de sus raros debates contra la narco-para-política en el Senado, en los que sospechosamente exculpaba al cabecilla de esa vergüenza nacional -el presidente Uribe- con consejitos de que depurara su entorno, ahora anuncia con bombos y platillos un debate contra las FARC, dizque para desenmascarar los nexos de los políticos con la guerrilla.

Es obvio que las espectaculares confesiones de los propios capos narco-paramilitares lo han dejado sin oficio, y es probable que añore el humo de su propio incienso de aquellos debates.

Petro es de esos arrepentidos que hoy llaman guerra al terrorismo de los fuertes y terrorismo a la respuesta de los débiles. Pareciera avergonzado de la lucha de Bateman y de Iván Marino.

Seguramente considera insuficiente el exterminio físico de la Unión Patriótica con sus 5 mil dirigentes y militantes muertos por el terrorismo de Estado. O las masacres y fosas comunes y el desplazamiento forzoso de la población como criminal estrategia contrainsurgente del Estado. O los más de 150 mil ciudadanos encarcelados por Uribe acusados de nexos con la guerrilla. O tal vez quiera reforzar el delito de opinión, miserable bandera de la política de Seguridad Democrática de los gringos.

No. No lo queremos ver como uno de ese millón de sapos del programa fascista de Uribe, como sugieren algunos, pero creemos entender hacia donde se dirigen los tiros del señor Petro. Lo menos que se puede pensar es que esté buscando tender una densa cortina de humo al escándalo de la narco-para-política que clama en medio de la más profunda crisis institucional la renuncia del gobierno Uribe por ilegítimo e ilegal. Y que esté colocando la primera piedra de marketing para vender su candidatura a Walt Street y a las oligarquías.

Por todos es sabido que la derecha neoliberal en el continente anda de capa caída, desprestigiada, y por eso se ha dado a la tarea de cooptar como comodines o testaferros a dirigentes oportunistas de izquierda para seguir gobernando a través de ellos, para seguir engañando y de paso desactivar y llenar de nuevas frustraciones el anhelo de cambio y de vida digna que mueve a los pueblos de Nuestra América.

A una organización política militar alzada contra el Estado, que no la ha acallado ni el fuego del Plan Patriota, no le va a impedir nadie que emita opiniones políticas, que busque construir y proponer alternativas de nuevo gobierno por la vía de un gran Pacto Social, o por la vía de las armas y la insurrección popular. Todo el mundo sabe que sin la inclusión de la insurgencia no es posible ninguna solución duradera al conflicto social y armado que vive Colombia. Sólo la derecha desearía una alternativa política de cambio sin la guerrilla, porque sabe que una alternativa así es fácil de someter.

Desde hace rato Petro anda asperjando por ahí verdaderas estupideces en torno a las FARC. No podemos sentir celo frente a la admirable labor de tanto líder democrático y revolucionario que hay en el Polo. Lo que sí tenemos es recelo frente a personajes como Petro, a quien nunca le hemos escuchado el primer debate de cuestionamiento a las políticas de recolonización neoliberal del imperio. Y también admitimos que no tenemos ninguna afinidad con la “sapientísima” valoración que hace de lo que es la ignorancia. Nos basta saber que no traicionaremos la esperanza del pueblo.

Montañas de Colombia, septiembre 8 de 2007