Unidad de la izquierda para conducir las luchas del pueblo

UNIDAD DE LA IZQUIERDA PARA CONDUCIR LAS LUCHAS DEL PUEBLO

Cuando esta publicación salga a circulación, se estará planteando para la izquierda chilena su tercera reunión en el exterior. En la primera, llevada a cabo en Roma a fines de 1973, los altos dirigentes de los partidos populares chilenos establecieron niveles básicos de acuerdo para su actuación en el plano de la solidaridad internacional y llevaron a cabo su primer intercambio colectivo sobre los problemas políticos que debían enfrentar a raíz del golpe gorila de septiembre. En la segunda, efectuada en París a principios de febrero pasado, la izquierda chilena pudo definir mejor sus puntos de convergencia sobre la táctica y las formas de lucha contra la Junta militar, precisó más sus acuerdos respecto a la manera de encauzar la solidaridad internacional hacia el pueblo chileno y puso en pie un órgano permanente, con sede en Roma, integrado por todos los partidos.

Sin embargo, los avances logrados en el exterior, aunque limitados e inferiores a lo que se podría haber alcanzado, no han tenido una correspondencia rigurosa en el interior del país. Es cierto que se ha ido constituyendo allí con fuerza creciente un movimiento popular de resistencia, por la base, que hace temblar a los gorilas. Pero a nivel de directivas, más allá de contactos bilaterales entre partidos (y no entre todos), no ha cristalizado una dirección unitaria, un frente político capaz de orientar y encauzar la disposición de lucha de las bases. Se ha visto incluso surgir iniciativas desafortunadas, que intentan recomponer grupos en el seno mismo de la izquierda, que más que unirla contribuyen a fragmentarla. El repudio provocado por tales iniciativas en las bases de la izquierda y en las directivas de la mayoría de sus partidos indican felizmente que esos intentos están destinados de antemano al fracaso.

En el origen de esa situación, están en definitiva las divergencias sobre la posición frente al Partido Democratacristiano. En este número indicamos, con abundancia de detalles, las razones por las cuales los revolucionarios no podemos aceptar una alianza con el partido de los Aylwin y los Frei, quienes colaboran objetivamente con la Junta gorila. Ello no quiere decir, ni mucho menos, que no estemos abiertos a un trabajo solidario con los cristianos progresistas que militan en el PDC, así como siempre lo hemos estado a la unidad con todos los partidos de izquierda (véase “Pauta para unir fuerzas”, publicada en el suplemento especial del "Correo de la Resistencia", No. l). Más aún: nuestros esfuerzos en pro de la creación del Frente Político de la Resistencia han empezado el mismo 11 de septiembre y los hemos desarrollado con una inflexible tenacidad.

Urge la unidad

En este momento, en que se plantea la tercera reunión de la izquierda, el MIR no ha vacilado en enviar al exterior a uno de sus militantes más destacados: Edgardo Enríquez, miembro de la Comisión Política del partido. Su presencia en la tercera reunión es una demostración de la importancia que atribuimos a la misma y del esfuerzo desplegado a costa de riesgos y dificultades para burlar la vigilancia policial, por llevar a los dirigentes de la izquierda chilena en el exilio una información más detallada de lo que ocurre en Chile y un planteamiento más acabado en nuestros argumentos en favor de la constitución de dicho Frente.

Esos argumentos son muchos. Limitémonos aquí al más importante: el factor tiempo. Un año después del golpe de Estado, la izquierda chilena no ha logrado todavía unificar criterios, aunar fuerzas y ponerse decididamente, como un solo bloque, al frente de las luchas parciales que están librando la clase obrera y sus aliados. Peor todavía: está regalando al enemigo el tiempo necesario para sobrellevar el periodo más difícil, el de su implantación en el país tanto en el plano político como económico.

En el seno de la izquierda, siguen operando las viejas ilusiones sobre el peso y la importancia de las contradicciones interburguesas y de los conflictos en el seno de las fuerzas armadas. El MIR no ignora la importancia de esos elementos para el desarrollo de la Resistencia popular, pero tampoco alimenta ilusiones. Sólo un fuerte movimiento de resistencia, dirigido por la clase obrera y que agrupe a los más amplios sectores del pueblo, puede agudizar esas contradicciones y hacerlas estallar en favor del campo revolucionario. Una oposición burguesa que no se vea forzada a tomar en cuenta al movimiento popular es no solo una oposición débil, sino sobre todo una oposición lista a convertirse en fuerza de apoyo y colaboración. El ejemplo brasileño en este caso es decidor.

Continuar luchando

Al proponer a las fuerzas de izquierda y progresistas del país la formación del Frente Político de la Resistencia, el MIR pretende facilitar el desarrollo unitario de la Resistencia popular y proporcionarle condiciones para pasar a las formas superiores de combate, que serán aquéllas que, en definitiva, derribarán al régimen del gran capital nacional y extranjero, expresado actualmente por la Junta gorila. Sabemos que esta es una condición fundamental para que la lucha del pueblo logre sus objetivos con el mínimo de sacrificios. Pero sabemos también que, de no lograrla de inmediato, nuestro deber es seguir impulsando —como lo hemos hecho hasta ahora— el desarrollo del movimiento de resistencia por la base. Solo esto permitirá pasar mañana (un mañana que se hace cada día más cercano) a las formas armadas de enfrentamiento a la dictadura militar.

La tarea del compañero Edgardo Enríquez no se limita, por tanto, a participar en la tercera reunión de la izquierda chilena, sino también a activar el movimiento de solidaridad con la lucha que ya está librando el pueblo de Chile. En particular, esa tarea asume el carácter de impulsar la solidaridad con el MIR, el cual sigue actuando valerosamente en Chile, bajo la conducción de su secretario general, camarada Miguel Enríquez, como un solo cuerpo, desde su dirección hasta la militancia de base.

La primera etapa que nos habíamos dado —reagrupar al movimiento obrero y en torno a él a las capas pobres de la ciudad y del campo, así como a la pequeña burguesía empobrecida— avanza rápidamente hacia su término, sobre la base de la formación de los Comités de Resistencia Popular. Esto nos permite encarar ya más directamente la etapa que habrá de seguir, la de la propaganda armada, cuyo propósito es elevar el nivel de combatividad popular hasta llegar a la lucha armada de masas. Para esto, necesitarnos más que nunca el apoyo militante de las fuerzas revolucionarias y progresistas del exterior.

Trabajando por la unidad de la izquierda y del pueblo, desarrollando el trabajo de masas, preparando la lucha armada y activando la solidaridad internacional con Chile es como entendemos nuestras tareas actuales y es así como las estamos cumpliendo.
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Fuente: Correo de la Resistencia, órgano del Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile en el exterior, número 2, agosto de 1974