Catatumbo, dignidad y resistencia

CATATUMBO, DIGNIDAD Y RESISTENCIA

Algunos analistas exponen que el conflicto en la zona fronteriza de Colombia con Venezuela, especialmente en el Catatumbo, es una disputa de territorios entre narcotraficantes y la acción del Estado por controlar el orden público. La realidad es otra, se trata de la aplicación de la geopolítica imperial de los Estados Unidos. Es el mismo cinismo con que justifican los nefastos crímenes contra el pueblo palestino, afgano, iraquí y en otras regiones del mundo.

El terror establecido por medio de las masacres se convirtió en el arma fundamental para desplazar a los campesinos de sus tierras y apoderarse de ellas. Claro, es que en esta extensa geografía del nororiente del país se encuentran poderosos yacimientos de recursos energéticos, una vasta riqueza hídrica, de flora y fauna, tierras fértiles y próxima a puertos importantes en las rutas del saqueo de nuestras materias primas por las transnacionales.

Esas riquezas no se detienen en las demarcaciones fronterizas y por lo tanto la estrategia imperial tampoco. El entramado de las fuerzas de las corporaciones multinacionales y de sus cipayos se extiende también silenciosamente en la franja fronteriza venezolana, peligrosamente coordinados por agentes especializados y financiados por las mafias del narcotráfico y de las del imperio. El vuelo de las Águilas Negras, como se les denomina ahora a los paramilitares, es visto con complacencia por funcionarios oficiales que saben donde se encuentran sus nidos.

Como proyección estratégica prevé objetivos a cumplirse, algunos a largo plazo. Preparan sus cuadros y comandos especializados para prácticas de sabotaje, masacres, crímenes selectivos, manipulaciones mediáticas y agitaciones que pueden causar serios traumatismos en el futuro sino se adoptan las medidas necesarias para impedirlos.

El panorama económico, social y militar de las regiones fronterizas tienen nuevas connotaciones que es necesario revisar en detalle para atinar tanto en políticas como en los procedimientos concretos. En el Catatumbo colombiano han intentado infructuosamente apoderarse de la región por medio del paramilitarismo y el despliegue de grandes operaciones militares apoyadas en altas tecnologías en el campo militar, mediático y con programas asistencialistas orientadas por la embajada gringa y agencias de cooperación internacional vinculadas al Plan Colombia en que se destaca la Agencia Internacional para el Desarrollo de los Estados Unidos (USAID).

En el Catatumbo, es donde se concentraron las bandas paramilitares, ejecutaron la mayor cantidad de masacres, ocasionaron la más alta cuota de desplazamiento del Norte de Santander, se desarrollaron la mayor cantidad de combates de las FARC-EP contra ejército y paramilitares, donde más muertos y heridos se han registrado y es el núcleo fundamental de las inversiones de capital extranjero con respecto al resto del departamento.

Esa ofensiva bestial del enemigo en la región puso a prueba toda su capacidad técnica-científica en lo militar, de sus fuerzas y medios desplegados y la guerra mediática o asimétrica así como nuestra indoblegable voluntad de lucha; nunca antes hemos resistido algo igual pero con dignidad y entrega, con muchas pero muchas necesidades y dificultades, sin detenernos en riesgos ni sacrificios porque tenemos la certeza de nuestros ideales y de las formas que los perseguimos y alcanzaremos.

Si hay una disputa de territorios, solo que se trata de evitar que estas tierras pasen a manos de las corporaciones transnacionales para desentrañarles sus riquezas, para esclavizar a los trabajadores en las minas de carbón, en la producción petrolera, en las decenas de miles de hectáreas sembradas en palma y caña para la producción de agrocombustibles y en otros megaproyectos. Que campesinos e indígenas pierdan las tierras es asegurar la retaguardia de los mercenarios que persiguen objetivos funestos en el país hermano.

En esta tierra sembramos a nuestros hermanos caídos en combate, a los campesinos asesinados por el ejército oficial y sus paramilitares, pero sembramos en los espíritus de nuestras gentes humildes y vilipendiadas, la esperanza de construir el sueño bolivariano. Entiéndase que esa es la razón de nuestra resistencia y por el socialismo hasta la vida misma si es necesario. Nos alentamos con la solidaridad de los pueblos hermanos y no dudamos de la posibilidad alcanzar la victoria.

33 Frente Mariscal Antonio José de Sucre

Bloque Magdalena Medio FARC-EP

Enero de 2009