El desarrollo de la línea proletaria y la iniciativa del militante revolucionario

EL DESARROLLO DE LA LÍNEA PROLETARIA Y LA INICIATIVA DEL MILITANTE REVOLUCIONARIO

La línea política de un Partido Proletario sólo puede ser acertada en la medida en que las masas la hagan suya y la lleven a la práctica. Sólo con la organización, la educación, agitación y movilización de los más amplios sectores populares, sólo en la práctica creciente de las masas, puede un Partido Proletario comprobar si su línea es justa o no.

Si bien el impulso y desarrollo de los conflictos, luchas y protestas de las masas populares es pues la medida que definirá la justeza de dicha política, es indudable también que ésta jamás podrá recibir su comprobación práctica su no existen las organización y sus componentes: los militantes revolucionarios.

Todo militante revolucionario debe desarrollar la línea política del Partido Proletario en base a la práctica social, en medio de la lucha de clases, y para ello, el militante debe estar imbuido de una clara comprensión de la línea proletaria y del sentir de las masas adoptando una actitud de vanguardia, de denodado luchador revolucionario en la labor de traducir esa política en la orientación de las luchas del movimiento popular.

Esto significa necesariamente que el militante revolucionario debe estar en capacidad política e ideológica para tomar la iniciativa, para traducir la línea política general en línea concreta de movilización de masas. Pero esto muchas veces es entrabado por el inmovilismo de los militantes y la apatía en el desarrollo de las tareas de un Partido Proletario.

Tal vicio se puede expresar en la actitud de esperar que las esferas superiores, la dirección resuelva todo hasta el último detalle, no desarrollándose el militante en base a la iniciativa y a la toma de decisiones ni en la más mínima tarea concreta.

También hay otro ejemplo más claro: el de asumir como excusas las normas organizativas, la disciplina, el centralismo democrático, la unidad de acción de todo Partido Proletario, para esconder una actitud pasiva y apática en el desarrollo de la línea política.

Todo militante puede y debe tomar iniciativas sin necesidad de consultar hasta con el último órgano de dirección o esperar que las directrices bajen como orientaciones de esos órganos.

El militante de un Partido Proletario debe caracterizar cuáles iniciativas caben dentro de su radio de decisión y responsabilidad y cuales no. Instrumentar ágilmente las primeras y tramitar con toda urgencia las segundas es el único camino justo para impedir el inmovilismo, la apatía, el conformismo y la indiferencia en el desarrollo de una política revolucionaria de masas.

Ante todas las maniobras de la burguesía y sus agentes en el movimiento obrero y popular, el militante revolucionario no puede quedarse en la posición de observador crítica, él debe responder con audacia movilizándose en los más amplios sectores (…) profundizando el desenmascaramiento de todos sus enemigos ayudando a deslindar mejor los campos entre los explotados y explotadores y avanzar en las tareas de la revolución.

Para esto el militante revolucionario debe aprovechar todo conflicto, toda protesta y lucha de las masas. Debe incidir en todos los conflictos del pueblo, profundizando el desenmascaramiento de los explotadores y sus agentes, haciendo así posible la frustración de los intentos de los enemigos del pueblo de desviar las luchas del movimiento popular y fortalecer el movimiento de masas, haciendo que mayores y más amplios sectores de las masas populares pierdan la confianza en el régimen capitalista y busquen una salida revolucionaria para sus problemas.

De aquí que la política de un Partido Proletario sólo puede ser comprobada en la práctica de la lucha de clases y sólo batallando en este campo, la política de un Partido Revolucionario puede convertirse en verdadera alternativa para las masas, en la medida en que éstas la comprendan, la hagan suya y la desarrollen en los diarios conflictos y enfrentamientos con los explotadores.
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Fuente: Qué Hacer? Venezuela, 26 de julio de 1978.