Declaración Manifiesto (II Parte): 20 años del MIR-EGP

DECLARACION MANIFIESTO (II PARTE)

20 AÑOS DEL MIR-EGP

Hace 20 años en Chile, en la mañana del 4 de octubre de 1991, una unidad de combate del Ejército Guerrillero de los Pobres realizaba como tal su primera acción armada y se tomaba las instalaciones de la agencia de noticias France Press, ubicadas al frente del Palacio de La Moneda.

De esta forma –y en medio de la profunda crisis estructural del MIR– desde fines de los 80 dábamos a conocer nuestro propio parto con una nueva identidad: nacía el MIR-EGP.

Con esta acción también reafirmábamos nuestra voluntad y decisión de continuar la lucha y resistencia armada en contra de la refundación capitalista y su Estado Policial, que encarnaba el pacto oligarca FFAA-capital transnacional del gobierno lacayo de la Concertación.

Así igualmente se expresaba la voluntad militante de aquell@s que no sucumbíamos a la debacle del Socialismo de Estado y a la contraofensiva brutal del capitalismo y su imperio a nivel global.

La lucha directa contra los nuevos yanaconas que asumían la democracia tutelada, se enfrentó también contra la traición y el acomodamiento claudicante de muchos. La Concertación hacía el trabajo sucio a través de la funesta Oficina de Seguridad y la delación compensada se hizo parte de los "nuevos valores de la democracia".

El entreguismo concertacionista abría las puertas a la impunidad de las clases dominantes y del capital transnacional, a su Estado contrainsurgente y agentes de la muerte, a sus instituciones judiciales y represivas de la institucionalidad burguesa.

La única justicia verdadera a los criminales de la dictadura se ha hecho realidad a través de acciones insurgentes de dignidad y justicia: Roger Vergara, Carol Urzúa, Julio Benimelli, Roberto Fuentes Morrison, Luis Fontaine, Héctor Sarmiento, Jaime Guzmán; todos con responsabilidades en el genocidio cometido por la dictadura militar chilena contra del pueblo pobre y el pueblo mapuche y, en esa calidad, ajusticiados por mano propia del pueblo revolucionario.

Así, mientras las clases dominantes y sus oligarcas imponían la democracia policial y nombraban al yanacona Aylwin como administrador, el pueblo pobre y sus organizaciones resistían con dignidad los embates de la contrainsurgencia, que con represión, delación e inversión social, ejecutaba su "plan de pacificación" para neutralizar y aniquilar la organización popular y combatiente que había resistido y sobrevivido a la dictadura militar.

La consigna "la lucha continúa" sintetizaba la necesidad de encontrar en la lucha revolucionaria las respuestas que la teoría no era capaz de entregar acerca del nuevo ciclo histórico que irrumpía y de los nuevos sujetos sociales que engendraría la lucha de clases en esta nueva etapa.

Las viejas concepciones iban quedando atrás y la práctica de la rebeldía antagónica se enfrentaba a un sistema que cambiaba sus formas y estructuras para buscar eternizar desde la "modernidad" sus contenidos de explotación y marginalidad.

En ese periodo y un año después de nuestra refundación dábamos vida, junto a l@s herman@s del Mapu-Lautaro, al proyecto unitario de la Coordinadora Subversiva por una Patria Popular.

Fueron tres intensos y duros años de acciones subversivas-insurgentes que, sin embargo, tuvieron un doloroso epílogo hacia mediados de los noventa.

Más de un centenar de militantes revolucionari@s encarcelad@s y muchos compañer@ caíd@s en aquellos combates libertarios: Andrés Soto Pantoja, Sergio Valdés, Ignacio Escobar, Aldo Norambuena; Luis González, José Miguel Martínez, Mauricio Gómez Lira; Darwin Sáenz, José Aguilera; Claudia López, nuestro querido Mario Vásquez Gutiérrez, entre muchos otr@s. Sólo en esa década, suman en total una treintena de caíd@s. Lautaristas, rodriguistas, miristas y anarquistas; tod@s revolucionari@s y combatientes del pueblo.

Las organizaciones revolucionarias fuimos desalojadas de nuestros enclaves sociales, encuadradas y obligadas al repliegue o directamente desarticuladas.

La prisión política en esos años 90 se convirtió en un importante frente de resistencia revolucionaria donde la lucha contra el proyecto draconiano emblemático de la democracia policial –la Carcel de Alta Seguridad, CAS– fue una batalla digna de destacar y recordar, con un hito victorioso: el literal gran vuelo a la libertad de los hermanos del FPMR el año 1996.

Así también, fueron años duros para el movimiento popular en todo el continente. El neoliberalismo capitalista celebraba la derrota de la izquierda y en particular la del movimiento guerrillero en El Salvador, Guatemala y Perú.

Mientras, irrumpía por el sur de México la insurgencia zapatista, y más al sur, la guerrilla colombiana enfrentaba "la crisis del socialismo" con una gran ofensiva político-militar por parte de las FARC y el ELN, poniendo en jaque a la clase dominante colombiana y sus FFAA que fueron auxiliados de inmediato por el imperio yanqui y su tristemente famoso y genocida Plan Colombia.

En este marco y bajo la concepción fundacional del MIR, asumimos las tareas internacionalistas en territorio insurgente colombiano, en el corazón de la vanguardia armada de las luchas continentales de estas últimas décadas.

Entendiendo que el ámbito global de las luchas locales es la Revolución Libertaria Continental, impulsada desde la diversidad cultural y desde la particularidad de cada proceso de resistencia al capitalismo, bajo la estrategia de la construcción del poder popular. Sólo desde allí se podrá avanzar hacia una territorialidad y hacia la continentalidad de la lucha revolucionaria.

La solidaridad combatiente de los pobres es parte de los valores que muchos compañeros miristas han hecho realidad, como Domingo Villalobos caído en el monte tucumano en las filas del ERP; o Orlando Contreras y Quique Patricio, caídos en El Salvador, o nuestro hermano Gustavo Cabezas caído en Colombia –así como cientos de combatientes de muchas organizaciones revolucionarias– haciendo que las banderas libertarias internacionalistas sigan recorriendo nuestro continente.

De la misma forma, reivindicamos la dignidad y resistencia de quienes estando en misiones internacionalistas han tenido que pasar largos y duros años en prisiones, bajo regímenes penitenciarios brutales. Mauricio Hernández, Alfredo Canales y Marta Urrego, en Brasil; Karina López en Argentina y Jaime Castillo en Perú.

Un especial y fraterno saludo a los presos políticos chilenos y mapuche. Así también a los herman@s de ETA, FARC y del ELN. A tod@s ell@s les decimos que seguiremos luchando por su libertad y la de tod@s l@s combatientes del pueblo encarcelad@s. Por ahora, festejamos el vuelo libertario de nuestros hermanos Willian Gaona y Marcos Rodríguez, a fines del año pasado desde las mazmorras brasileras.

PUEBLO POBRE-PUEBLO NACION MAPUCHE

Y en Chile, junto con el rimbombante cambio de siglo, la democracia policial de los ricos derramaba más sangre popular: Daniel Menco, Alex Lemún, Rodrigo Cisternas, Carlos Aedo, Alfredo Hermosilla, Matías Katrileo, Jaime Mendoza Collío, Johnny Cariqueo, Mauricio Morales, insignes luchadores populares que han caído combatiendo al sistema capitalista y sus bestias uniformadas; todo como corolario de un Bicentenario de dominación oligarca y patronal de unas pocas familias dueñas del país.

A pesar de todo, y como ha sido a lo largo de la historia de la lucha de nuestros pueblos por su liberación enfrentando a las clases dominantes y sus aparatos represivos, han sido dos décadas de aprendizaje sobre el camino andado y los combates librados, de los aciertos y sobretodo los errores cometidos de los que se derivaron altos costos humanos.

A la vez, ha sido un periodo de acumulación silenciosa y de sobrevivencia en medio de la persecución política y policial del Estado chileno, que sólo ha buscado aniquilarnos como fuerza insurgente y corriente revolucionaria.

No lo han logrado y eso para nosotr@s es también una victoria y, como tal, parte de nuestro aporte a la lucha popular y revolucionaria en medio de estos años de crisis y derrotas.

De igual manera, han sido años de reconstrucción de un pensamiento antisistémico propio y adecuado al nuevo ciclo histórico que viene germinando. La Caja de Herramientas y la Bitácora se ampliaron y otras cosmovisiones se hicieron parte de nuestro horizonte ideológico, siempre desde el antagonismo y en lucha frontal contra el gran capital.

Así fue como nos incorporamos a construir la alianza Pueblo Pobre–Pueblo Nación Mapuche en el viejo territorio del WallMapu, que con su transversalidad territorial cuestiona las fronteras políticas de los estados nacionales chileno y argentino y pone en el centro de la lucha ya no sólo la demanda por tierra, sino por Territorio, entendido éste como espacio geográfico, cultural e identitario, donde la cosmovisión de nuestros pueblos originarios nos ayuda a reencontrar a la humanidad con la naturaleza y posibilita la reconstrucción de una relación de respeto con la biodiversidad.

Pero esto sólo será posible desde la Resistencia Comunitaria a la depredación capitalista, que viene por la tierra, el agua, los minerales y todo lo que el capital transnacional pueda depredar para obtener su ganancia.

La Resistencia será el marco en que el pueblo pobre se transformará en sujeto histórico y el pueblo mapuche reconstruirá su nacionalidad, haciendo posible un WallMapu autónomo y libertario, con sustento social e histórico.

NUEVOS COMBATES LIBERTARIOS

Hoy también queremos saludar y abrazar a las nuevas y más jóvenes generaciones que en Chile asumen la lucha directa y radical por sus derechos fundamentales, dejando atrás años de conformismo y de individualismo consumista.

El modelo neoliberal chileno por estos días se agota celéricamente y son miles los que salen a luchar por su dignidad y por mejores condiciones de vida.

Este modelo con su Estado policial no sólo enfrenta la furia de los sin rostro y los piedrazos populares en nuestro sur sino también en diferentes territorios del planeta: una bomba de tiempo de tipo incendiaria, que amenaza con deflagar y explotar.

En Chile hoy es la educación, pero inevitable e irreversiblemente vendrán también grandes batallas por la salud, la vivienda, el trabajo, la justicia, la alimentación, el agua, la energía y todos los derechos propios de l@s trabajadores y los pueblos.

En el país de la desigualdad, la lucha por una educación para todos se convierte en el eslabón más débil que abre los espacios a un cuestionamiento mucho más profundo del tipo de sociedad heredada de la dictadura y que los veinte años de Concertación sólo maquillaron y perfeccionaron.

La democracia de los ricos, cuyos ejes son el lucro y la segregación social, ha caído en desgracia y es cuestionada en sus basamentos. Y con ella toda la clase política que profita de sus privilegios, regalías e impunidad.

Es así como en estos días un doble proceso se evidencia. Por un lado, un movimiento ciudadano de clase media que busca expandir la democracia en alianza con sectores más militantes que abogan por una refundación democrática del Estado, que implica asamblea constituyente y nueva Constitución.

Por otro lado, una creciente emergencia de sectores antisistémicos que desde la marginalidad se articulan y luchan bajo la consigna y por el sendero del poder popular. Allí las banderas de la Revolución Libertaria están enarboladas por las nuevas generaciones del pueblo pobre que busca constituirse en nuevo sujeto histórico y por el pueblo mapuche, que desde la resistencia comunitaria buscan frenar los últimos embates de un capitalismo depredador y herido de muerte por su propia lógica de destrucción y saqueo.

Como nunca antes, la lucha es por la sobrevivencia y la reconstrucción de una cosmovisión que –aún presente en muchos pueblos originarios del Abya Yala– permita sentar las bases de una nueva convivencia continental y planetaria desde el poder popular, la solidaridad y la resistencia comunitaria.

La lucha de Resistencia al capitalismo será larga y sangrienta, como ocurre en aquellos países donde el petróleo termina siendo la maldición para sus pueblos. Hay que prepararse para las futuras batallas, que como la del Agua ya se está comenzando a librar en Chile y nuestro continente, y de manera abierta por estos días en el asalto y saqueo a Libia, una de las principales reservas de agua subterránea del planeta, entre otros recursos muy preciados por los imperios del capital transnacional, como el petróleo y los miles de millones de dólares libios.

Desde nuestra perspectiva, reiteramos que hay que prepararse para los nuevos y decisivos combates de nuestros pueblos, conociendo y aprendiendo de la historia de la lucha popular y revolucionaria.

Hay que crear las condiciones materiales en secreto y poco a poco, según nuestras reales capacidades, la envergadura del enemigo y el desafío que enfrentamos como pueblo y humanidad. Hay que resguardarse del trabajo enemigo de los ricos y sus aparatos de seguridad con más conciencia política y más trabajo social clandestino, si queremos construir fuerzas milicianas y militares para la Resistencia armada y popular.

Hay que aprender a conocer los límites de nuestras fuerzas y acciones insurgentes. Si no estamos preparados para la respuesta del enemigo, mejor esperar y generar las condiciones para que nuestros combates como pueblo sean exitosos no sólo en la acción inmediata, sino por sobre todo en una estrategia de acumulación de largo aliento y desde el poder popular. Nuestro objetivo no es la toma del poder, sino la construcción del poder popular.

La historia la hacen los pueblos. Las organizaciones revolucionarias nos debemos a esa historia y somos parte de ella. Han sido siglos de explotación, injusticia, hambre, masacres y represión.

No hay más alternativa y deber moral que combatir y hacer justicia por l@s nuestr@s, por los millones de víctimas, por los pueblos pobres y marginados del mundo.

Y como lo decíamos un año atrás en nuestra declaración-manifiesto (I parte), reafirmamos nuestro compromiso, voluntad y decisión de continuar en la necesaria y legítima resistencia armada y popular contra el capitalismo salvaje y depredador, junto a las organizaciones revolucionarias de nuestro sur-wallmapu y la guerrilla del continente, para que junt@s vayamos construyendo y acumulando las fuerzas sociales revolucionarias e insurgentes de la Revolución Libertaria Continental.

A 46 años del nacimiento del MIR y a 20 años de nuestro parto refundacional, con orgullo y en la senda de Miguel Enríquez, levantamos las consignas históricas que han acompañado la larga marcha popular mirista:

¡¡Adelante con todas las fuerzas de la Historia!¡¡Adelante con todas las fuerzas de la Historia!!
¡¡Sólo la lucha nos hace libres!!

MIR
Ejército Guerrillero de los Pobres

Sur-Wallmapu, 4 octubre 2011