Relatos de la cárcel
Fecha: 2005 10 01
Grupo: Ejército de Liberación Nacional (ELN)
País: Colombia
Categoria : Comunicado
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RELATOS DE LA CARCEL

El presente escrito esta basado en hechos y circunstancias reales, es tan abrumadora la cotidianidad de la vida en las cárceles de la Colombia de hoy que no es preciso recurrir demasiado a la imaginación para hablar de las mismas, el haber vivido estas situaciones desplazó el imaginario que desde fuera de las mismas se construye por la constatación de lo real.

Por: RENATO

La doliente historia humana
donde los héroes anónimos
jamás
fueron nombrados

Aquellos que derramaron
su sangre
en una ignota encrucijada
cuyo llanto y dolor
paso desapercibido
esos vitales desprendidos
que ofertaron
lo mejor de sí
en pos de alegres tiempos

(9/1/05)

EL TERRORISMO: ESENCIA DEL IMPERIALISMO.

La historia humana esta preñada de palabras grandilocuentes, estereotipos acuñados con las más diversas finalidades a los que en más de una oportunidad recurren los dominadores para supuestamente evidenciar su universalidad, imponer su visión del mundo y la sociedad como la única posible.

Hoy se habla a diestra y siniestra del terrorismo y de los terroristas cual si se hubiese descubierto la gran enfermedad de nuestros días.

Tiempos pasados la cantinela fue la del embate frontal contra el comunismo, las doctrinas ateas y foráneas, la defensa incondicional de los valores tradicionales de la civilización cristiana y occidental.

En épocas aún más remotas la defensa de la fe, del dogma católico, protestante y calvinista en esta nuestra civilización occidental constituyo la piedra de toque para que las hogueras se encendieran y los potros de tormento trabajasen con la intensidad que el poder establecido lo requería. En ese entonces brujos, herejes y demonios eran perseguidos con acuciosidad ilimite.

Y si nos remontamos a los tiempos del gran imperio romano constataríamos allí la persecución a todas las doctrinas ajenas al ritual y los dioses de la clase esclavista y patricia. Se erigieron coliseos y espectáculos para que allí se despedazase a esclavos, plebeyos e infieles...la historia humana no ha sido propiamente la historia de la comprensión, de la tolerancia frente a la diferencia, el entendimiento de la diversidad...

Cuando dos mundos diferentes se encontraron en 1492 la mentalidad de los invasores jamás concibió la posibilidad de respetar y escudriñar aquellas civilizaciones que ellos con simpleza de rufianes catalogaron de bárbaras. Primo la negación absoluta de las comunidades aborígenes como una totalidad: como organización social, en su cosmogonía, en sus costumbres ancestrales, en su idiosincrasia; por ello sin piedad fueron barridas las huellas de los naturales propietarios del suelo americano y la palabra y la acción de imposición abatieron a miles y miles de seres humanos.

Los poderosos a lo largo de toda la historia humana han utilizado el terror como arma de dominación y exterminio en todos los puntos cardinales de nuestro planeta.

Terror de muerte, de tortura, de saqueo, de despojo, de mutilaciones, de afrentas incontables a la dignidad humana, de desplazamientos y exilios, de tratos degradantes y humillantes....a todo eso le han llamado civilización, progreso, valores...mientras que todo intento de las clases oprimidas, de los desposeídos de siempre se ha titulado como apostasía, herejía, barbarie...terrorismo¡¡¡

Año 1945, aduciendo razones de índole militar y bajo el pretexto de acortar la duración de la guerra los círculos imperiales norteamericanos decretaron la pena de muerte a cientos de miles de habitantes inocentes de las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. Una atroz muerte que no ha sido suficientemente conocida y repudiada en ese mismo mundo “civilizado” que decían defender. Hiroshima y Nagasaki son la más fehaciente prueba del poder descomunal y aniquilador del terrorismo de estado.

Ya el imperio Nipón en 1937 lo había practicado en su invasión a China, la horripilante carnicería de Nankin donde fueron muertos más de 300000 civiles y violadas miles de mujeres.

La guerra del Viet-Nam en la que los franceses y luego los norteamericanos cometieron toda clase de atropellos, masacres, torturas y villanías contra la población aborigen.

En fin la historia del terrorismo de Estado enmascarado con supuestas defensas de la civilización y el progreso constituye la evidencia palmaria de la doble moral de los verdugos de la humanidad.

Hoy lo vivido en Yugoslavia, en Afganistán, en Irak reconfirma esta aseveración: el terrorismo es la esencia del imperialismo.

Hoy como ayer la rebeldía de los de abajo es apostrofada como terrorismo. Cuantas figuras de trascendencia histórica fueron estigmatizadas por los dominadores: ¿cómo llamaron a Espartaco y su ejército de esclavos liberados los poderes imperiales de Roma?, ¿esos mismos poderes que dijeron de Cristo?, ¿Qué dijeron la nobleza feudal y la jerarquía vaticana de los siervos emancipados, de los herejes y las brujas en la edad media?, ¿Cómo catalogaron los españoles a Tupac Amarú, José Antonio Galán y tantos precursores de nuestra independencia americana?...

¿Qué dijeron las elites del Libertador Simón Bolívar, de José Martí y de Artigas? , ¿Qué han dicho las castas dominantes de Camilo y el Ché?, ¿Qué son para ellos Manuel Pérez, Jacobo Arenas, Pedro León Arboleda...?

Lenin señalo que la burguesía semeja al ladrón aquel que una vez cometido el hurto frenéticamente grita: “al ladrón, al ladrón...”

Que autoridad puede haber en personajes de la talla de Bush, Aznar, Blair, Uribe para acusar de terroristas a los pueblos, a los rebeldes de todo el mundo, cuando en el libro de inventarios , ellos –genuinos representantes del capital- tienen en su haber las páginas más dolorosas y terribles de que tenga noticia la civilización. Verdaderos criminales de guerra que han anegado el paisaje humano de sangre de humildes, de desposeídos, de los irredentos del poder...

Tamaña ironía la de estatuir códigos y legislaciones que en capítulos consagrados a penalizar “el terrorismo” proscriben la lucha legitima de los pueblos.

Aquel sagrado derecho de la REBELIÓN reconocido incluso en la Declaración Universal de los Derechos Humanos es negado por los sembradores de la muerte y la desolación, las prisiones del capitalismo se atiborran de la dignidad humana lanzada allí por estos mercaderes de la penuria en el planeta tierra.

En el libro de haberes de la humanidad y en la cuenta débito con letra roja y subrayado aparece todo el historial macabro de las clases explotadoras, llámense esclavistas, feudales o capitalistas, su condición real ha sido esa: someter a sangre y fuego, hacer uso del poder estatal o del poder de clase para abatir la lucha de los parias, de los humildes de la tierra.

En las prisiones que ha levantado la burguesía en nuestra patria miles de presos políticos son estigmatizados como terroristas, señalados cual raros especimenes y sometidos a las más arbitrarias condiciones de reclusión.

LOS PRESOS POLÍTICOS NO SON TERRORISTAS. SON LUCHADORES POR LA LIBERTAD¡¡¡



NOCHE.

Es de noche. El pasillo en una tenue penumbra parece un laberinto sin fin. Mientras sus pasos van de un extremo a otro, se hace la promesa de que algún día escribirá acerca de todo ello, claro esta si logra salir de allí.

Todos lo saben, entrar es algo supremamente fácil y expedito, salir por el contrario es una lotería con muchos apostadores y pocos ganadores.

Imagina la posibilidad de su condena y la aplica a esa su edad ya de madurez y le parece francamente insostenible ese cúmulo de días, de meses, de años.

Se sienta en una de las bancas que se halla al lado de la reja de entrada y escruta hacia las escaleras cualquier movimiento o ruido inusual.

Le han dicho que la vigilancia es indispensable para preservarse, día y noche se vive una tensa calma, calma chicha... quién sabe hasta cuando...



CHARLIE ZAA

Le dicen así talvez por su parecido con el interprete de los inolvidables temas de Olimpo Cárdenas, desafortunado Charlie Zaa que su nombre se adjudique a este espécimen.

Magistralmente Víctor Hugo describió al inspector Javert en su inmortal obra “Los Miserables”. Javert encarnación y prototipo del esbirro obnubilado en su papel de garante y defensor a ultranza del orden establecido; Javert maniaco del cumplimiento de un deber que juzga sacrosanto, indubitable, irreversible.

Javert el implacable persecutor de Jean Val Jean, condenado por robar un pan; Javert el mastín de los poderosos de Francia. Javert no desapareció cuando se lanzo a las aguas del río, cuantos Javert e infrajaverts se reproducen a diario en los confines de la tierra.

Nuestro “Charlie Zaa” es uno de ellos. Particular aversión le producen todos aquellos llegados al penal y que olfatee que tienen alguna vinculación con causas populares, con organizaciones insurgentes.

Tan pronto capta este perfil procura por todos los medios hacerle sentir a su victima que es alguien despreciable, que el un todopoderoso guardián de las leyes y los reglamentos puede hacer lo que desee y que si se le contradice tomara represalias bien concretas. Así confinara a uno de sus escogidos al inmundo calabozo, le informara a sus superiores para que sea reportada su indisciplina a la hoja de vida lo que indefectiblemente se traducirá en mayor tiempo de reclusión.

Cuando llegan las requisas, Charlie z. se siente en su elemento y con acuciosidad sin igual penetra a las celdas de los “políticos” donde se encarniza en la búsqueda de elementos que los comprometan con lo cual aspira recibir felicitaciones de sus jefes. Charlie es uno de tantos, porque no es el único ni es la excepción, lamentablemente más de uno de estos funcionarios que objetivamente hacen parte del mismo pueblo se comportan como perros de presa, defensores irrestrictos de los beneficios de unos pocos aún a sabiendas de que son despreciados por esa misma casta que simplemente les usa para sus egoístas fines.

Claro esta que no todos asumen estos comportamientos, los hay que simplemente miran al recluso como un ser humano que merece consideración y respeto, que entienden desde un punto de vista humano que la condición de cualquier persona es algo relativo, que nada es absoluto, que hoy podemos estar de un lado de la balanza, mañana quizá en otro, y por ello son lo suficientemente precavidos e inteligentes para valorar la persona que se halla a su disposición; la gran mayoría de estos últimos comprende el significado de la palabra pueblo. Cumplen lo básico de su deber pero se cuidan de lesionar al individuo que se halla a su disposición, algunos tratan de entenderlo y en el caso de los “políticos” indagan en el porque de estos arrostrar la desdicha, el infortunio del cautiverio sin otra motivación que el mejor estar para todos. Como expresión concreta de la sociedad a que pertenece este estamento no escapa a las diferencias de clase.

Charlie Zaa evidencia el triste espectáculo de un pequeño títere que bate sus manos al ritmo que le colocan las esferas del poder que hoy le usan, que le desprecian y que el día de mañana le arrojaran al piso como objeto deleznable cuando ya no les represente ninguna utilidad.

VOLANTE¡¡¡¡ VOLANTE¡¡¡¡

Los gritos son estridentes, se escuchan pasos acelerados, el ambiente se hace tenso, todos se hallan conmocionados. Allí se vive en esa incertidumbre constante, cada mañana puede ocurrir que llegue la aborrecida “volante” con toda su carga de escarnio, de impotencia, de rabia.

Todos procuran ocultar las latas punzantes de las que se han proveído frente a la cierta posibilidad de un enfrentamiento bien sea con “la casa” o los paracos. Sobrevivir allí implica estar despierto, atento a cualquier situación anormal, ser disciplinado.

Sus pertenencias escasas pero de gran valor para cada uno quedan a merced de la tropa de guardianes que se introducen en sus dormitorios. Los colchones van al piso, algunas veces son rasgados, en ocasiones desaparecen pequeños objetos, se destrozan las divisiones de madera, se tiran las ropas al suelo, hasta se tumban los “camarotes”...

Los pitos siguen sonando, los guardias penetran al pasillo y con premura ordenan a todos salir de allí.

Las escaleras se hallan atiborradas de reclusos que descienden del piso superior y de los otros pasillos. En su interior sienten con nitidez lo que significa estar recluido y a merced del régimen. Van bajando con lentitud por las escaleras que soportan el peso de más de mil reclusos y cerca de un centenar de guardianes.

Al llegar al patio se les ordena distribuirse en tres filas de frente a la respectiva hilera de guardianes que los requisaran. Algunos llevan parte de sus pertenencias a fin de evitar su robo por la guardia que se halla en los pasillos. Son obligados a desvestirse ante el guardián que les corresponde, allí a la vista de todos los que se hallan en el patio, se les exige despojarse de sus calzoncillos y a continuación hacer tres o cuatro flexiones. Es un momento donde el recluso percibe la degradación, siente que es tratado de manera humillante, lesionando su más íntima dignidad humana ya que el Estado prefiere este agobio, este escarnio a quienes desprecia como seres humanos a tener que invertir unos cuantos pesos en aparatos de detección y otras formas de requisa que se practican en aquellos países a los que se emula y copia en materia penitenciaria

ANDERSON Y EL GRANDE.

Su principal error fue haber nacido....en un barrio declarado por los gobernantes de turno y los militares de siempre como zona roja. Allí los pobladores son sospechosos hasta que no demuestren lo contrario lo que ratifica la vigencia del Fiscal militar Ñungo que actuó en el reinado de Julio Cesar (el Turbio) y dejo su impronta con la celebérrima frase: “es preferible condenar a un inocente que liberar a un culpable” y a fe que lo practicaron en aquellos días hoy reeditados con creces bajo el gobierno del nuevo autócrata.

Anderson es un niño, no solo en apariencia, su mentalidad es la de un infante que apenas se asoma al mundo. “El grande” es también un adolescente así su apariencia y el tamaño de su cuerpo lo nieguen.

Cuando se realizó el gran cerco al barrio ambos se hallaban desprevenidos en las afueras de sus casas viendo el despliegue de la tropa amenazante y armada hasta los dientes. Al ser increpados por el oficial al mando responden sobre su condición de habitantes del barrio, ajenos a cualquier actitud o compromiso que cuestione el orden establecido. Pero el oficial y su tropa educados en la concepción de que “hay que combatir al enemigo interno” no vacila en detener a este par de inocentes pobladores y así en gran número como ellos, otros son conducidos al tenebroso furgón y señalados como milicianos, pateados e insultados por la horda que dicen los papeles de la república se halla instituida para “proteger la vida, bienes y honra de los colombianos”...

Cuan duro para ellos ha sido asumir la cárcel. A fin de cuentas no encuentran una explicación plausible que les permita comprender ese su papel de víctimas propiciatorias. El mundo que hasta ahora se les revelaba como algo entendible ha dejado de serlo y sin tener el más mínimo asomo de que un escritor checo escribió sobre ellos hace más de sesenta años son esos mismos personajes descritos allí, sienten que han perdido la autonomía de la que creían gozar, perciben que unos hilos invisibles les mueven, miran sus brazos y piernas y solo ven brazos y piernas de marionetas.

Cada día de esos largos años que han de permanecer dentro de los muros de la prisión han de ser un tormento duplicado, centuplicado simplemente porque la noción del absurdo gobierna todos sus actos.

En la nebulosa de este extraño existir no captan las razones, los porques de los rebeldes que allí están confinados, y actuando como niños extraviados se perderán en el laberinto de la reclusión incursionando en vicios y costumbres desconocidas, darán tumbos hasta que por fin llegue una boleta donde se dice que son inocentes, así, simple y llanamente, luego de que les han hurtado su condición de normales ciudadanos, luego de ser manipulados en una representación para la cual nunca dieron su asentimiento. En tanto los voceros oficiosos y oficiales decían a la opinión pública: “hemos limpiado los barrios de la comuna de elementos dañinos, de terroristas, nuestra democracia se profundiza”....sí, se profundiza en la charca de la arbitrariedad, de la injusticia y la sinrazón.



NOTIFICACIÓN

Le han notificado que al día siguiente muy de mañana deberá presentarse al “rastrillo” (especie de antesala de cada uno de los patios) puesto que ha de ir a rendir indagatoria en el edificio de los juzgados.

El calor es sofocante, en ese reducido espacio del pasillo se agolpan más de cien hombres a los que corresponde un ínfimo número de metros cuadrados. La bulla es una constante, unos hablan a voz en cuello, otros gritan llamando a alguien, otros juegan parques, domino o ajedrez en el mismo pasillo, los TV resuenan, el humo del cigarrillo se esparce. Mañana varios de los que allí están han de ir en remisión. Vaya “paseo”, ya todos piensan en el viaje, el alimento, las preguntas y respuestas, el regreso luego de toda esa “terapia” agobiante.

Pero cada uno sabe que de los resultados de esas idas depende su libertad, el poder volver a surcar horizontes sin cortapisas, el aspirar aires libres, el ir de un lado a otro.

A las 11 p.m. se empieza a sentir el silencio por ratos interrumpido por algunos que prestan guardia o algunos que viven nocturnamente, incapaces de conciliar el sueño a esa hora.

El se recuesta en el colchón del zarzo que ocupa, siente el aire que desparrama el ventilador que hace posible dormir allí con su rostro situado a escaso medio metro de la loza del techo.

Ante el hacinamiento han duplicado el espacio físico dividiendo la altura establecida, de esa manera la aglomeración se disimula y se convierte en argumento en contra de las temidas remisiones a otras zonas del país alejados de sus seres queridos.

Aún no concilia el sueño, trata de imaginar la cara y la actitud del fiscal, las probables preguntas, sus posibles respuestas, ensaya de una y otra manera y siente insatisfacción e inseguridad. ¿Cómo justificar la tenencia de la pistola?, ¿cómo desvirtuar el señalamiento de alguien que no sabe quién es?....



REMISIONES.

¿Acaso la reclusión no es suficiente castigo para el que sufre el hecho de enajenar su libertad?, ¿acaso el estar confinado a unos estrechos limites con dosis escasas de aire y espacio no basta para que el ser humano allí presente sienta el significado de la palabra punitivo?, ¿acaso no es suficiente para una persona sentir que se ha hipotecado su condición de ser libre y autónomo?, ¿acaso con el hecho de estar sometidos al orden penitenciario y vivir a diario toda la penuria de la reclusión no sufre el castigo completo el humano allí encerrado..?

NO, para la pequeña cúpula que en sus manos retiene poder y privilegios no basta. Cual si fuese un sacrosanto principio y elemento constitutivo de la nación los detentadores del poder orientan a sus testaferros políticos, administradores de la gris represión que no dejen un minuto de sosiego a esa masa anónima, anodina y despreciable que se encuentra tras candados y grilletes.

La remisión es otra forma de golpear al recluso y muy particularmente a su familia. Sí, la familia también es blanco de la acuciosidad oficial, de miles de formas se le persigue y las penalidades impuestas al detenido pasan a ser pan cotidiano de los seres queridos.

Las remisiones son eso: tormento calculado, frío procedimiento que causa un inaudito daño al privado de libertad, a su entorno.

Extrañar de un momento a otro y sin motivo que lo justifique (así se apele al pretexto de disminuir el hacinamiento que jamás cede) al recluso que es trasladado sorpresivamente, sin sus escasas pertenencias, sin tan siquiera comunicarlo a los suyos es un atropello más.

Por ello en la prisión se vive día y noche con la palabra zozobra alimentando los pensamientos y las aprehensiones. Los rumores son frecuentes:!va a haber remisiones!, el solo anuncio de ello ocasiona dolores de cabeza, ulceras, insomnio, irritabilidad...de pronto siendo las 7 u 8 de la noche llega la orden de que todos deben dirigirse a los pasillos, que se cierran todas las rejas, allí empieza a agudizarse ese sufrir.

En todos se filtra una sensación de desamparo, de impotencia, de rabia contenida, de tristeza.

Cada uno va examinando lo que puede significar que esa noche sea llamado en la lista y le toque viajar. Su familia ha de quedar a miles de kilómetros, los encuentros serán bien esporádicos, bien cortos, bien costosos en el caso de que puedan seguirse dando ya que en muchos casos el vínculo conyugal se rompe...no es fácil viajar a una lejana ciudad o pueblo, casi todas las familias son de escasos recursos: la gran mayoría de las cárceles del país son hechas para los llamados estratos 1, 2 y 3.

Ellos los monopolizadores del aire y la vida son los dueños del juego y por eso inventaron las casas-cárceles o las cárceles de categoría especial, al fin y al cabo el régimen penitenciario no puede escapar a los roles clasistas de una sociedad profundamente dividida.

Allí, agolpados en el pasillo, expectantes, Juan, Luís, Pedro, Orlando y todos los confinados sintiendo el corazón latir presuroso visualizan mayores penurias, infortunios administrados en amargas dosis porque la casta dominante de nuevo lo expresa con nitidez: ustedes infrahombres, violadores de nuestra normatividad que es la única posible, aceptan o aceptan, un recluso no vale nada, agradezcan que aún están vivos...

Vaya macabra lotería, quien la gana adquiere un tiquete que le garantiza mayor aislamiento, sufrimiento y desesperanza. Lo que significan estos dramas humanos plenos de lagrimas y dolor, para los obsecuentes funcionarios y la indolente minoría que se regocija en el disfrute ilimitado son tan solo son números: de esa cárcel trasladan x número de internos a y destino. Lo que para los desposeídos, los infortunados es la vida misma para la autoproclamada clase dirigente es un mero asunto de rutina.



JUAN.

Juan es un niño de alta estatura, acaba de cumplir 18 años. Habita en un barrio pobre, su vivir también esta pleno de dramatismo: un bandido que fue novio de su hermanita la dejo paralítica al pegarle un tiro porque decidió romper con él. En su casa repleta de carencias hace falta el pan; empieza a relacionarse con muchachos que ya andan en asuntos turbios.

Pronto le proponen que participe en un “trabajo”. Se trata de que él cuide a un viejo ricacho al que van a secuestrar unas horas, algo sencillo, rápido, efectivo, sin problemas.

Juan que lo que tiene de alto tiene de ingenuo, entusiasmado acepta. A los pocos días le comunican donde ha de estar y para el día siguiente se prepara, le han dicho que le darán trescientos mil pesos y él sopesa lo que esa suma puede representar para su angustiada familia.

La banda hace el trabajo, aparentemente sale bien, pero alguien se da cuenta del rumbo que toman, y del sitio adonde llevan al retenido, todo se cae, deben abandonar el sitio rápidamente.

Juan ni tan siquiera ha tomado la precaución de taparse el rostro, le dice al viejo que se quede quieto y sale del escondite, empieza a caminar por la vía cuando encuentra una pareja que lo aborda, son evangélicos, le piden que les conceda un momento para que hablen de la salvación del alma y del camino, Juan que es puro corazón e ingenuidad, se queda allí atolondrado, atendiendo el discurso de los predicadores, en esas condiciones es apresado por la policía que va acompañada del viejo que le reconoce, la fiscalía le formula cargos por secuestro.....



EL DIA

El día de la detención su inicial sensación fue la desnudez. Allí, en aquella avenida por donde los autos pasan generando ruido y asfixia percibía como caía al suelo toda esa identidad fraguada por largos años, a su vez se percibía en manos de sus captores cual extraño bicho que es examinado de arriba abajo.

Pensó en la cita incumplida a raíz de la novedad y en la natural alarma de quienes le esperaban, siempre le caracterizaron como alguien de una puntualidad constante.

Algunos curiosos atisbaban su rostro, examinaban a los captores. Estos luego de un rápido cacheo le empujaron hacia el carro que les esperaba con las puertas abiertas.

Respiraba pausadamente, sabía que ante todo mantener la calma en estos casos era vital, la mente había de tomar posesión de todos sus movimientos, no permitir que ningún síntoma de ansiedad o nerviosismo alterase su comportamiento.



TAPETUSA.

La cárcel es un muestrario de la sociedad que la crea. Aunque existen también cárceles de estrato diferente, en aquella se evidenciaban tan variados y disímiles especimenes de todo el espectro social que para aquellos que comprenden la sociología como una disciplina que permite apreciar con justeza la multicolor realidad tal espacio es bastante apropiado para dichos ejercicios.

Le llamaban “tapetusa”. Su figura de judío-paisa se evidenciaba en una protuberante nariz, ojos negros y vivaces, un bigote de regular dimensión y un hablar continuo y seguro acompañado de enérgicos ademanes realizados por unas manos que evidencian la laboriosidad.

Esta procesado por producir licor sin autorización oficial, más exactamente adulteración según las normas penales. El con insistencia y vehemencia contradice todo lo actuado por las autoridades y lo dice con certera convicción: “¿a quién hago daño?, acaso no le dije al fiscal ¿cuál es la fórmula del licor que produce la fábrica oficial?, ¿qué porcentaje de alcohol tiene?...y ustedes. ven que el licor que yo produzco tiene un porcentaje de alcohol mucho menor que el oficial...entonces ¿cuál produce más daño?...¿porque ustedes tienen que monopolizar la producción de este licor?.... y sigue contando...

....Señor fiscal ¿dónde compra usted el licor?....¿en los estanquillos?....y entonces?...a lo que el fiscal responde....entonces quiere usted decirme que yo estoy comprando veneno?....a lo que responde “tapetusa”: ah, pues si usted lo dice Sr. Fiscal...

“Tapetusa” esta plenamente convencido de su inocencia, y cree que la razón natural más allá de códigos y convenciones está a su favor...



LEON

Su figura es adusta. Tiene 45 años, su rostro denota adversas circunstancias vividas en un trajinar intenso. Oriundo de las tierras urabaenses, a temprana edad conoció los movimientos insurgentes a la par que vivía la cruda realidad laboral en una finca bananera donde el trabajador vertía su sudor de sol a sol por un menguado salario que a duras penas calmaba el hambre de su madre y los hermanos menores, el padre había fallecido y hubo de asumir la responsabilidad familiar abandonando la escuela y los sueños de mejoramiento que preveía a través del estudio.

Como tantos pobres y excluidos halló convincentes las razones que escucho de boca de “los muchachos” que con las armas empretinadas recorrían la zona reclutando jóvenes para las filas guerrilleras. Encontró valido y de elemental justicia el propósito de esa lucha descomunal entre esos desarrapados que provistos de unas cuantas armas y grandes dosis de voluntad pujaban contra esas fuerzas que poseían todas las comodidades y que con los más modernos artefactos agredían con tal saña a los humildes para perpetuar la odiosa discriminación social y eternizar los privilegios de los mismos de siempre.

De esa manera su existencia cobro un nuevo sentido. El saber que su esfuerzo podía dar algo a ese noble empeño de edificar un mundo diferente nutria su diario actuar, así cada amanecer era un reto, el tiempo dejaba de ser una implacable carga para transformarse en un precioso espacio en el cual cabe bosquejar otros paisajes, nuevos senderos.

Al tiempo que era el sostén de su familia no vacilo jamás en dar toda la colaboración a “los muchachos”. Así tocaran su puerta en altas horas de la noche o en la madrugada, siempre su actuar fue diligente evidenciando un gran sentido de responsabilidad.

Los dueños de las plantaciones sentían que era intolerable que los trabajadores tratasen de imponer sus puntos de vista y en especial eso del respeto a la organización sindical y el alza de salarios. Desde años atrás una violencia sistemática, fríamente planificada golpeaba inmisericordemente, las autoridades de la zona decían desconocer sus orígenes y propósitos, las fuerzas policiales y militares supuestamente ignoraban lo que ocurría.

Pero el baño de sangre proseguía, el humilde pueblo consumía sus noches y sus días en un mar de incertidumbre: permanecer en el terruño o emigrar, exilarse y abandonarlo todo.

La respuesta llego nítida, implacable, indetenible. Cuando el aventajado alumno de Harvard llego a la gobernación del Departamento la ofensiva se hizo más brutal que nunca, las oscuras fuerzas sintieron el estímulo inequívoco de la oficialidad, las masacres fueron el pan diario y miles de familias buscaron otros destinos cargando con el dolor y la amargura como único equipaje.

León y su familia llegaron a la capital paisa y luego de deambular sin rumbo cierto se asentaron finalmente en la zona occidental donde con latas, tablas y cartones armaron un rancho que los guareció a medias de la lluvia y el frío intensos de ese noviembre.

Pero el país aunque diverso es uno y el mismo y el conflicto que le atraviesa esta presente en los cuatro costados de la patria. En la zona occidental abandonada por décadas, donde se amontonan los ranchos unos encima de otros como los pesebres decembrinos atiborrados de pequeñas casas, que se sostienen en pie por la arquitectura de la necesidad y la desesperación, allí también sentaron sus reales las expresiones que acorraladas de diferente manera pretenden la autorrealización de la libertad por los de abajo.

Allí de nuevo León se sintió unido a ese destino emancipador y conoció lo que significa el poder de los de arriba cuando fue detenido y golpeado sin consideración alguna, llevado a juicio por los escribientes del capital, le condenaron por Rebelde confinándole por más de dos años a la perdida de su libertad.

El daño fue mayor. Los golpes brutales recibidos, las armas y las patadas sobre su cabeza ocasionaron el irreparable daño en su corteza cerebral. Los ataques de epilepsia se volvieron la constante, de por vida le obligaron al consumo del Fenobarbital so-pena de poner en grave riesgo su vida de no recibirlo.

Cumplió su pena, al regresar al barrio e ir por sus pertenencias fue perseguido por las mismas fuerzas tutelares de la república, hubo de tirarse por un barranco para huir de la muerte que le perseguía. Cuando aporreado logro salir de allí, doblada su humanidad cual jorobado, fue señalado y apresado, de nuevo la misma cárcel, la dureza del encierro, su familia abandonada, su anciana madre más cerca de la muerte con esta nueva desdicha.

Mientras en la patria los dineros públicos se esfumaban a borbotones en medio de la corrupción de las altas y medias esferas, mientras los dineros públicos se dilapidaban en la insensata guerra, mientras la minoría opulenta cada vez se volvía más minoritaria y opulenta, en la cárcel no había una pastilla que valía escasos $500 y se prohibía su entrada. Para León y para muchos otros enfermos crónicos sus penas aumentaban al ritmo del deterioro de su salud.

La primera vez, luego de no haber recibido la indispensable dosis del medicamento, León empezó a sentir un profundo desorden interior, una culebrilla recorrió todo su cuerpo y un temblor convulsivo hizo que su cuerpo cayese bruscamente al piso, su lengua era mordida por sus propios dientes en ese frenesí aniquilador, la sangre salía de su boca, los ojos giraban sin control alguno, todo su cuerpo exhalaba sudor y su corazón trepidaba como pugnando por salir de su pecho....todo porque no se disponía de una pastilla que costaba $500, ni se permitía su ingreso.....raudos sus compañeros procuraban mitigar ese cruel ataque, le tomaban las manos, asían su lengua, colocaban las manos tras su cabeza y le montaban a la camilla en la cual le llevaban a la enfermería donde le colocaban una inyección que mitigaba todo ese desarreglo.

Pero el daño era progresivo, cada ataque de estos no pasa en vano y en el cerebro de León se acumulaba el deterioro causado por los $500 que el Estado o lo que es lo mismo la clase atesoradora e improductiva se rehusaban entregar porque no había presupuesto y menos para algo tan poco importante como los prisioneros.

La madre de León seguía consumiéndose con el hambre, el desamparo y la suerte de su hijo. Con su andar penoso, la respiración entrecortada y la amargura a flor de piel le visitó aún varias veces hasta que no pudo más y un día por teléfono le dijo que no volvería más, que ya lo sentía, se despedía de él con la sabiduría propia de los ancianos que ven llegar su hora...a la semana León fue notificado de la muerte de su madre; allí en medio de las rejas, en el estrecho pasillo León vertió sus lagrimas plenas de dolor, de los días y noches negados por el encierro para estar al lado de su madre. Ese mismo día los diarios y la TV dedicaban sus planos y espacios al matrimonio de una pareja del “jet-set”...



PROFESOR DE ADULTOS

Nunca el proceso educativo ha sido una acción simple y menos lo es para quién oficia como conductor del mismo (independientemente a diversas teorías que casi o que de hecho plantean que hay que prescindir del maestro, profesor o facilitador; lo real es que aún hoy en el siglo XXI este rol no ha desaparecido).

La enseñanza, el aprendizaje en condiciones de reclusión tienen características propias, barreras difíciles y porque no también hasta logros sorprendentes.

En general el pueblo que se halla recluido en las prisiones del país evidencia un bajo nivel de instrucción, las posibilidades académicas han sido escasas ya que en buena proporción la disyuntiva que se presenta a nuestra niñez y juventud es la de que hay que optar por la vida laboral, por la del rebusque, para el pueblo no hay muchas opciones.

A más de ello sumémosle el hecho de que desde nuestras propias escuelas la labor educativa no se adecua a esas condiciones específicas de nuestra gente y muchos niños en esa edad desarrollan una actitud hostil –casi de fobia- frente a todo lo que signifique letras y números (quizá mas las letras ya que los números evidencian su absoluta necesidad frente a las elementales necesidades para sobrevivir).

Entonces, desarrollar la labor educativa dentro de una cárcel es labor titánica y de ribetes heroicos.

No es fácil llegar a un aula improvisada dentro de los mismos pasillos, donde como en el caso de “los políticos” sacrifican metros cuadrados en medio del hacinamiento más atroz para privilegiar la labor cultural, ese reconocimiento de que aún pese a los muros y las rejas se reivindica esa condición vital de seres humanos pensantes, hambrientos de cultura, ávidos de conocimientos.

Para “los políticos” el estudio es una obligación, un requisito básico para hacer parte del conjunto que habita tal espacio, pero ello no significa que todos lo asuman así. Por las mismas condiciones referidas podemos hablar del desarrollo de la batalla por el estudio, cotidiana, constante.

El reto de los facilitadores o maestros es enorme, cualquier inconstancia suya puede llevar a que se pierda la continuidad, a promover la deserción. Lo primero que tiene que garantizar el facilitador es la permanencia de ese auditorio donde llegan en las más disímiles condiciones y cruzados por las más diversas circunstancias los reclusos.

Son demasiadas las cargas emocionales que llevan los reclusos por uno, otro, otros motivos.

Empezando por la reclusión que de hecho es un dogal en la individualidad de cada interno, que con el se acuesta y amanece, que le confiere un tinte especial a cada uno de los pensamientos y acciones del recluso. Esta carga emocional se traduce en estados psicológicos de propensión a la irritabilidad, a la dispersión, al desprecio por diversas actividades entre ellas el estudio.

Sigamos sumando: la incertidumbre acompaña también las noches y días de los prisioneros. Muchos no saben a ciencia cierta cual ha de ser la resolución de su caso, se suceden las audiencias interminables, más de una vez canceladas luego de sufrir todo el suplicio que significa ser llevado en una caja metálica con ruedas y unos pequeños orificios, esposados y sudando a mares para ser desembarcados cual ganado al matadero y de nuevo ser llevados a un calabozo frío en donde a veces le toca pasar el día sin ser atendidos por el juez o el fiscal porque simplemente “se corrió la fecha de la audiencia”.

Incertidumbre porque la más de las veces no se obra con justicia ni equidad ni anima a jueces y fiscales el afán de establecer la verdad en los hechos.

Particularmente los rebeldes o todo el que de alguna manera resulte cercano a los mismos así sea involuntariamente han de recibir el peso de las decisiones más duras o el alargamiento absurdo de su proceso.

Entonces gravita esta incertidumbre en todos los actos, en el animo de muchos. De allí que quién oficia como profesor no pueda ignorar estas realidades que inciden en todo el desarrollo de los temas, en la participación de cada uno.

Ni que decir de la angustia que sacude también al interno a propósito de la situación de su familia, de las carencias dolientes de pan, de medicinas, hasta de abrigo. Situaciones humanas, profundamente humanas que no figuran en las cartillas de los gobiernos que sumisos y dóciles frente a los poderes imperiales decretaron que para ser como los amos del norte en el país los reclusos no pueden trabajar, ni desarrollar actividades en pro del alimento vital para sus familias.

Porque no hay oportunidades para la inmensa mayoría y al Estado solo le preocupa confinar con completa seguridad a los que llama terroristas, subversivos, alborotadores y demás ...

Por ello la educación en este contexto, es en verdad labor de Quijotes. Lograr captar la atención de los estudiantes, incidir en generar actitudes propositivas es reto mayúsculo.

Escuchar frases como “no hice nada”, “no se me quedo nada”, “no entiendo nada”...golpean la voluntad del facilitador que hace acopio de paciencia y terquedad para librar aquella confrontación donde lo que se halla en juego es la dignidad humana, demostrarle al pequeño círculo dominante que pese a todos sus muros y grilletes y guardianes y pese a la confinación en reducidos espacios allí esta presente el ser humano en toda su dimensión, filosofando, recreando la literatura, navegando en el océano de los números y las letras, aprendiendo donde queda Mozambique y que es el big-bang, recorriendo la historia y examinando sus resortes secretos, develando de nuevo el descubrimiento de la plusvalía, remontándonos a nuestras raíces precolombinas, profundizando en nuestra condición de latinoamericanos.

Allí en esa pequeña celda de escasos diez metros cuadrados “el político” persiste en la lucha por lo nuevo, por el enaltecimiento de la especie humana sin recibir ninguna gratificación material, tan solo el sentir que aún allí en la derrota parcial se fragua el porvenir de los pobres de la patria, porque en esa pequeña aula-celda esta de cuerpo presente la humanidad, aquélla “gran humanidad que ha dicho: BASTA...”



DIEGO:

Su figura pasa desapercibida, ningún ademán, gesto o expresión de su parte procura llamar la atención. Pasa silencioso por el pasillo o recorre “patinando” los cerca de 40 metros del patio. Diego se desliza en el espacio carcelario sumido en sus pensamientos preguntándose a diario cuando volverá a sentir ráfagas de aire libre golpear su rostro, cuando podrá andar las calles con su hijo tomado de la mano, se pregunta si podrá llevarlo algún día a la escuela, corregir sus tareas, felicitarle por haber hecho las labores.

Pero Diego sabe que no es fácil, por más que esquive la realidad esta es inequívoca y de momento inapelable. Hace poco ha sido condenado a 28 años de presidio por homicidio de un funcionario público. De nada ha valido que su condición de rebelde es la que explica su conducta, de nada ha servido que explícitamente conste y lo atestigüen los médicos de su condición de esquizofrénico. Los todopoderosos jueces al estilo kafkiano lo hacen completamente imputable, se niegan a reconocer que un rebelde en armas en cualquier momento ha de verse impelido a usar las armas en defensa de su vida o de la de sus compañeros.

La farsa de la justicia de los ricos adobada con toda una retórica, una fraseología, una verborrea supuestamente universales esconde su carácter interesado, de instrumento punitivo en contra de los desposeídos que con altivez y dignidad proclaman a los cuatro vientos su condición plena de seres humanos que aman la vida y buscan que el hombre se levante del cenagal al que le han confinado los propietarios de la riqueza y el poder.

La historia de Diego, un anónimo luchador es una bella gesta pletórica de heroísmo y desprendimiento. En desarrollo de una acción revolucionaria para impedir la venta al capital extranjero de una gran empresa propiedad del Estado, la cual pretendía ser feriada por unas cuantas monedas por la misma casta centenaria y oligárquica, en tal actividad y luego de planear como afectar una línea de transmisión que surte de energía a los grandes centros de producción de los capitalistas, a Diego le corresponde actuar como posta.

Mientras sus compañeros con el corazón galopando como un potro al cual las riendas del deber consciente controlan, mientras ellos van colocando las cargas en cada uno de los ángulos de la inmensa torre y anudan con precisión el cordón y la mecha, mientras tanto Diego también tenso y con todos sus sentidos expectantes parece no despabilar, sabe que la vida de sus compañeros esta en sus manos, en su decisión, en su arrojo, en su capacidad de darse entero en pro de que las cosas vayan bien y sus compañeros salgan avantes de este nuevo reto.

La tarea es bien riesgosa, cerca se halla una estación del metro, cerca se halla la autopista por donde veloces pasan los carros, cualquier desliz, cualquier movimiento en falso puede ser fatal. La noche hace rato ha llegado. La respiración de todos es pesada, como si llegase al estomago, una sensación punzante, pero la concentración en lo que se hace les aploma en la ejecución de su cometido.

Diego solo piensa en lo que es su deber, en la palabra integridad que colma en esos instantes todo su vivir y aún la expectativa de morir. Ya ha vivido la experiencia del presidio y sabe cuan duro es ello, para él, para su familia. Jamás ha sido hombre de muchas palabras pero sabe del valor de la palabra más que muchos que extraviaron el camino luego de peroratas eternas.

Allí, en la noche plenamente buscada, su mano empuña con firmeza y claridad la pistola. Los segundos, los minutos pasan con una parsimonia de tiempo suspendido donde se aprecia con tal intensidad lo que representa un instante, una fracción de segundo que nos asombra el desperdicio que del tiempo hacemos en la cotidianidad.

De pronto un leve chasquido rompe el silencio establecido y el escenario ha de transformarse en campo de batalla. Diego toma posición de combate, se acurruca y espera, los ve venir, son tres tal vez cuatro, quizá más...su cerebro, su conciencia solo atinan a decirle que lo único que vale en este instante son la vida y la libertad de sus compañeros, recuerda alguna frase acerca de que es mejor dar que recibir y su decisión se transforma en arrojo, cuando siente que ellos hacen fuego comprende que tiene que usar el artefacto metálico que sus manos aprietan , un gran fogonazo sale de la pistola y uno de los policías cae al piso y los otros en medio del asombro y el temor detienen su carrera, disparan todos a una hacía donde esta Diego, que de inmediato se ha movido y se interna en el yerbal crecido que esta a las orillas del río.

Percibe que sus compañeros han logrado evadirse, ahora piensa en su salida, cree que lo logrará. pero empieza a sentir un liquido que le empapa, que le recorre el abdomen, se toca en el tórax y siente la perforación y el surtidor de sangre que aumenta su flujo a cada instante. Siente la debilidad en sus piernas, empieza a ver culebrillas, siente pitidos en sus oídos, la garganta seca a más no poder, alcanza a pensar que debe deshacerse de la pistola y la lanza lejos, va sintiendo que la noche se convierte en un profundo socavón y no sabe ya más de sí mismo.

Despierta en la cama de un hospital sintiendo la mayor sed de su vida atragantándole, con su cuerpo inmovilizado, con un gran dolor en su pecho y cuidado por las llamadas fuerzas del orden....poco a poco recuerda todo lo vivido y a sabiendas de todo lo que le espera siente dentro de sí la más enorme satisfacción del deber cumplido, del combatiente leal y desinteresado y aunque no es religioso viene a su mente aquello del “buen pastor que da la vida por su rebaño”....

Glosario:

“terapia”. todos los procedimientos dentro del régimen carcelario que son dilatorios, pesados, abrumadores, p.e. las idas a los edificios de juzgados y fiscalía, el confinar todo un día en el patio a los reclusos o en el pasillo exclusivamente

“volante”. requisa general hecha por la guardia en los distintos patios, las más represivas son las hechas por el CRI (comando de reacción inmediata del Inpec) o las que hacen las fuerzas militares.

“camarotes”... espacios acondicionados por los mismos reclusos, que dividen las celdas en pequeñas dimensiones a nivel horizontal y vertical usando para ello triplex y jalboa.

“aventajado alumno de Harvard”...el actual Presidente Álvaro Uribe Vélez.

“los muchachos”. la guerrilla

“caja metálica con ruedas”....furgón en que trasladan a los reclusos.

“patinar”. ir de un lado a otro, por lo regular en los patios de los pabellones, sitio donde se concentran los detenidos y donde se hacen actividades deportivas por lo regular microfutbol.


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